miércoles, 19 de diciembre de 2012


MAS ALLÁ DE LA IDENTIDAD EN LA NARRACIÓN


INTRODUCCIÓN
Una cuestión preliminar que surge al momento de plantear o leer este titulo, es qué relación puede haber entre la narración y la identidad. ¿La narración, esa entidad de lectoescritura que se enseña en los primeros años de escolaridad y la identidad, ese aspecto tan misterioso para muchos en el campo de la psicología, relacionados? Por otra parte, dentro del plano de lo identitario también cabe plantearse la pregunta por el papel que juega la creación de relatos y cómo estos inciden en la constitución de la identidad. Por tanto, al plantear un titulo de este tipo se infiere que el tema tocará aspectos de la identidad y de la narración y que posiblemente sus argumentos se dirijan a admitir que existe relación alguna entre la Identidad y la narración.
Luego entonces, se puede decir que el presente documento plantea desde una perspectiva narrativa la constitución de la identidad a partir de las narraciones hechas por un sujeto a medida que articula quién es en relación a otros y buscará refutar la tesis de una relación única y directa entre la identidad y las narraciones sin descartar la reconocible relación.

I
“¿Qué se gana y qué se pierde cuando los seres humanos dan sentido al mundo contando historias sobre éste?” (Jerome Bruner, 1997).
Para poder hablar de una relación entre la identidad y la narración, es preciso delimitar cómo se concibe la narración desde una postura narrativa, claro está, validando la redundancia. De esta forma, primero es necesario que se conciba a la narración como un fenómeno pancultural, que está adherido a lo humano en la medida en que se le percibe como un ser de historias y relatos, mitos y cuentos. Es decir, que los seres humanos siempre están contando historias, siempre organizan anécdotas de su vida y que de esta forma, es como se construyen las narrativas. Pero, la construcción de las narrativas sobre la experiencia individual no se da sólo porque sí, más bien, como lo plantea Bruner, se dan como bosquejo de una construcción narrativa de la realidad. En este sentido, se crean realidades a partir de lo narrativo, y cuando se cuenta una historia, quiere decir que es una interpretación del mundo del sujeto que la cuenta.
Es licito afirmar, que cada historia según Bruner posee una serie de características que podrían tomarse como “universales de la realidades narrativas”, entre las cuales están: La temporalidad que es inherente a la secuencia que se desarrolla en una historia, los géneros literarios en los cuales se puede inscribir una historia, las creencias y deseos que permean las historias narradas, la comprensión que cada una de las partes de la narración posee y que se le puede dar a una historia,  la ruptura con lo convencional para que resulte atractivo a los posibles lectores o espectadores, el doble sentido que una narración posee para ser cuestionada o creída, el núcleo de la narración o la situación problemática, que los relatos puedan ser leídos desde distintas perspectivas por otros y que exista una continuidad en los relatos (1997). La razón por la cual deben de tenerse en cuenta todos estos universales, es porque cada uno de ellos, según el autor, caracteriza las narraciones como construcciones de una realidad, una realidad puesta en escena y construida como tal desde que el sujeto tome consciencia de ella.
Por tanto, lo primero a tener en cuenta es la forma en que las narraciones tienen una serie de elementos estructurales y otros funcionales. Por una parte, la temporalidad, el genero literario, la comprensión de cada uno de los fragmentos de la historia y la situación problemática se deberán entender como las partes estructurales de la narración, es decir, lo que  está en el plano de lo narrativo como tal casi sintácticamente. Por otra parte,  las creencias, la ruptura de la convencionalidad, el doble sentido de las narraciones y la continuidad en las historias conforman los elementos funcionales de la narración, es decir, el plano de lo subjetivo.
Cabe resaltar, que es en los elementos del segundo bloque que me centraré. Puesto que, como la intención del actual texto es relacionar la identidad con la narración, los aspectos que se deben tomar para una relación de tal tipo comprometen a lo subjetivo en la narración. Teniendo en cuenta que aunque Bruner (1997), plantea todos los elementos como universales, no se puede olvidar que hacen referencia a lo humano y en este sentido, a lo subjetivo; sin negar claro está,  que los universales de las narraciones se ven en todos los sujetos, pero en expresión de distintas experiencias y como modalidades relacionales de índole disímil. Es decir, que las narraciones con sus universales y todo son en si procesos de relación con un Otro. Por tanto, para hablar de identidad frente a lo narrativo se debe tomar con mayor precisión los universales que hablen del sentido de las narraciones para los sujetos y de esta forma, se podría establecer relación alguna con la identidad como entidad relacional.
En consecuencia, es posible afirmar que los elementos funcionales de las narrativas se entienden como tal porque, es en ellos que los sujetos expresan ciertas características especiales, tales como su lectura y significación del mundo, de su forma de percibir y establecer el conocimiento del mismo, por ejemplo, mediante mitos o historias fantásticas (Perinat, 2001). Además, es importante resaltar que cuando los sujetos toman los aspectos funcionales de las narrativas y se apropian de estos para construir sus realidades, están subjuntivizando sus experiencias (Bruner, 2003). Al mencionar el termino de subjuntivización, se hace referencia sobre el carácter subjetivo de una narración, en el que un sujeto, se apropia de una experiencia vivida y la conserva en su memoria con la necesidad de contársela a un Otro o de evocarlo cuando piensa sobre cómo le puede narrar lo vivenciado, es decir, como plantea Bruner, (2003):  “Hablar de nosotros a nosotros mismos es como inventar un relato acerca de quién y qué somos, qué sucedió y por qué hacemos lo que estamos haciendo” (Pág. 77).
Así pues, si se ha comprendido un poco mejor la dinámica de las narraciones como formas de construir una realidad, es posible hablar ahora que las realidades formadas por el sujeto a través de sus narraciones, se reconstruyen una y otra vez según lo requieran las circunstancias (Bruner, 2003). Pero en cada reconstrucción de la realidad, el sujeto se plantea un Yo, que se convierte a su vez, en un conjunto de Yoes; al pensar desde luego en su Yo en la interacción con otros que son portadores de historias. Es aquí donde las narraciones cobran un sentido tanto para el sujeto que las construye como para el que las escucha, porque esa historia fue en algún momento real, o si no lo fue, se creó a partir de vivencias reales y estados desiderativos del sujeto de comunicarlas. Es en ésta anterior premisa, que los relatos entendidos como narraciones pueden incidir en la constitución de la identidad. Debido a que, el sujeto toma como propios algunos aspectos de lo real y los hace propios, pero sólo en la interacción con un Otro  identificará si son o no, estos los aspectos de una historia que evocan lo real, o que por lo menos reafirmen su realidad, haciéndole entender que lo comprendido es valido en tal o cual circunstancia.
II
¿Cual es la relación entre narrativa e identidad?
Primero, es necesario definir que se entenderá por identidad en este escrito. La identidad se comprenderá aquí partiendo de la afirmación de Gergen (2007), donde el Yo es una narración que se vuelve inteligible dentro de las relaciones en curso con Otro. Es decir, que en el proceso de constituir cuentos, el sujeto se identifica ante otros y consigo mismo a través de las historias que narra.
Para poder entender el proceso de la relación de un sujeto con otro a través de sus narraciones, es menester comprender que lo que el sujeto describe de sí como parte de una narración (la narración de su vida) cobra sentido sólo en la medida que el Otro toma su historia como un texto (Larrosa, 1998). Y, es en esta exegesis de lo que el sujeto le muestra al Otro, que esta relación se hace bidireccional al pensar que en la relación con el Otro se crea una especie de “intertextualidad” donde hay aspectos que se pueden identificar en uno u otro discurso (Larrosa, 1998).  Concluyendo, que al pensarse la relación narracional como una relación de intertextualidad, debe haber también una forma en que los dos sujetos (sería preciso llamarlos de ahora en adelante, sujeto narrador y sujeto narratario en consecuencia al orden) se intercambian la imagen del Yo buscando identificar un algo de sí en el Otro, o un algo del otro en sí. A esto se llamará identidad. Puesto que, la forma en que es posible detectar lo que es propio y lo que es de otro en las narraciones y luego ver cómo eso se combina en una relación intertextual, es la identidad, o sea, lo que es idéntico en un sujeto a otro y es identificado a través de las narraciones que se trasfieren en el plano relacional del que nos habla Gergen.  
Para explicar mejor el punto anterior, se puede plasmar en un ejemplo dicha situación: “No es que yo ya no pueda contarte (o contarme) la “verdadera historia, la original” de mi desolación durante el triste verano que siguió a la muerte de mi padre. Más bien te contaré (o me contaré) una historia nueva acerca de un muchacho de doce años que “había una vez”. Y podría contarla de muchas maneras, cada una modelada por mi vida en lo sucesivo no menos que por las circunstancias de ese verano de hace tanto tiempo”. (Bruner, 2003. Pág. 78). En este ejemplo, se puede apreciar como el yo del sujeto narrador le cuenta una historia a otro que también podría ser él mismo, demostrando cómo al ser sujetos conscientes de las historias, se es capaz de dar sentido a la vida, pero todo esto hace parte también, de un juego interpretativo que se da mediante la identificación de ciertos aspectos en la historia del Otros sobre la propia.
De esta forma, resaltando la premisa de que las narraciones son construcciones que un sujeto se hace  para contar la historia de sí a Otro que lo escuchará y que querrá contarle las suyas también, surge una tautología frente a la cuestión de la identidad. La identidad (identificación) se constituye a partir de las narraciones que se aprecian en Otro, pero también puede darse de que luego de la constitución de la identidad, se puede ofrecer una narración al Otro.
Gracias a la afirmación de Bruner de que existen Yoes y se dan reconstrucciones en las narraciones, es posible definir que la identidad -para intentar salir de la tautología-  no es algo estructural, sino mas bien funcional, y que en la medida en que existen Yoes, existirán “identidades”, que se modifiquen en el plano de lo intertextual. Es decir, que la identidad puede llegar a no establecerse en el sujeto como una estructura de su Yo, pero eso es tema de otra discusión. En esta parte, es preciso centrarse en la identidad que puede tomar o no un sujeto sobre las narraciones de un Otro.
Tal es el punto de la discusión, que puede decirse que la identidad es sólo una instancia discursiva que se desplaza en el plano de lo relacional, es decir, de lo intertextual. Debido a que, cuando el sujeto se encuentra en la intertextualidad y en la exegesis del relato del Otro y como le muestra a éste mismo sus relatos, define una imagen como Yo, empero, de que también puede identificarse con el Yo del otro. Esbozando entonces, que la identidad como tal, no se alcanza sino en el plano de lo narracional en cuanto que los dos sujetos identifican en el texto del otro algo de sus propias vidas (Bruner, 2003; Larrosa, 1998).
III
¿Se puede ir más allá de la identidad en la narración?
Una vez traspasado el problema de la tautología de la identidad, cabe preguntarse si en su solución no se formula la idea de que lo narracional transversa lo identitario pero lo aventaja en su momento. Es decir, que el fin último de las narraciones no es establecer la identidad y que las narraciones a pesar de su incidencia en la constitución de la identidad no se frenan ahí. Pero, ¿cuál es el fin ultimo entonces de las narraciones?
Pues bien, es una pregunta que referencia mas sobre la angustia que genera el destronar a la identidad como una instancia estructural en el sujeto, que una pregunta sobre lo narracional en relación a la identidad, pero que devela que la relación entre lo identitario y las narraciones es tan frágil como fuerte. Puesto que, si bien es cierto que la identidad se constituye en el momento en que surge la necesidad de contarle una historia a Otro, la importancia de la identidad se  observa en la forma en que el sujeto hace suya toda apreciación del mundo, aun la identidades que se le ofrece en los Otros. Debido a que, afirmar que el Otro existe para contar un relato y escuchar otro, es pensar que el sujeto se constituye en la falta de un plano narracional propio, y que ya el mundo real -mundo que debe significar por sí mismo- no es el mismo que le ha contado su primer Narrador/narratario, sino que puede conformarse por una cadena de significantes que se hallan en la interpretación exegeta del mundo narrativo de los demás. Por ende, el sujeto se constituye en la falta de una narración propia como la que cree que el Otro posee, y que la identidad sólo se constituye como mecanismo para interpretar el mundo a través de los ojos de otros mas experimentados y como instancia para comunicarse con ese Otro que le recuerda a su primer Narrador/narratario.
En consecuencia, a pesar de que la anterior hipótesis suene muy psicoanalítica, el plano de lo narracional o lo narrativo salta más allá de la identidad en la interpretación del mundo hecha por el sujeto a través de la identificación con un relato del Otro, pero que regresa en la medida en que el sujeto nunca encuentra identidad absoluta ni interpretación concreta sobre le mundo que le rodea. Por eso, el plano de lo relacional en las narraciones es de vital importancia para hablar de identidad, en la medida que lo narracional trasciende a lo identitario pero se mueve por sus terrenos, en búsqueda, de un plano narrativo propio o por lo menos de uno que le garantice la restitución de un primer relato (estado) hecho por un Narrador/narratario que lo describió todo sin dejar duda alguna sobre la imagen del propio sujeto, es decir que no tenia que remover su Yo y explayarlo en Yoes para entender el mundo.
En conclusión, la narración se relaciona con la identidad en la medida en que la identidad se constituye en las narraciones y una vez conformada ésta, las narraciones comienzan a enriquecerse por la apropiación del sujeto. Porque el sujeto, ya es un Narrador/narratario mas consciente de su propia historia y de las otras existentes en dicho plano. 

Por:
Javier Fernando Acosta 
(dic-2012)

Bibliografía  
·         Bruner, J. (2003). La fabrica de historias. Derecho, literatura, vida. Capitulo 3: la creación narrativa del Yo. Fondo de Cultura Económica.
·         Bruner, J. (1997). La educación puerta a la cultura. Capitulo 7: la construcción narrativa de la realidad. Editorial viso aprendizaje.
·         Gergen, K. (2007). Construccionismo social, aportes para el debate y la práctica. La autonarración en la vida social. Bogotá. Ediciones Uniandes.
·         Larrosa, J. (1998). La experiencia de la lectura. Estudios sobre la literatura y formación. Capitulo 16: narrativa, identidad e identificaciones. Barcelona: Leartes.
·         Perinat, A. (2001). Mitos y metáforas como formas de conocimiento y saber. Editorial Psykhe.


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