¿Cuáles son las
similitudes y las diferencias conceptuales y metodológicas entre la psicología
clínica anglosajona y la psicología clínica francófona?
Javier Fernando Acosta
Giver Robeiro Cano
Héctor Edwin Restrepo
UNIVERSIDAD DEL
VALLE
SEDE PALMIRA
JUNIO 2012
OBJETIVOS:
Reflexionar sobre las
bases epistemológicas de la psicología clínica que fundamentan sus métodos,
conceptos y posturas epistémicas.
Indagar sobre el
recorrido histórico de la psicología clínica en diferentes contextos y sobre
las múltiples acepciones sobre el individuo.
Establecer un cuadro
paralelo entre la psicología clínica anglosajona y la psicología clínica
francófona.
PLANTEAMIENTO:
El surgimiento de la
psicología clínica se da inicialmente, en el fundamento de la relación entre la
enfermedad y el sujeto, es decir, a través de la apreciación desde distintas
perspectivas por aquel individuo en un
estado de malestar. Por ende, es necesario conocer el fundamento epistemológico
de la clínica, para comprender el establecimiento y constitución de su “objeto”
de estudio. Ahora bien, al ser la psicología general no una sino varias,
intentaremos mostrar que la psicología
clínica no es tan sólo una y hasta qué punto es posible hablar de una
epistemología de la psicología clínica.
INTRODUCCIÓN:
“El mañana de la
psicología es, como todo mañana, incierto y problemático. Es el peso y la
gracia de la vida del hombre. Pero hay que añadir que nuestro mañana es
especialmente problemático e incierto. No porque no se haya hecho nada, sino,
al contrario, porque se ha hecho mucho.”
(Tortosa, 1993; pág. 598).
El presente documento
tiene como objetivo reflexionar sobre las bases epistemológicas de la psicología
clínica. Por ende se propone hacer una revisión de la historia de la clínica y
como tal de su surgimiento en dos contextos socio-políticos y económicos
distintitos: el anglosajón y el francófono. De esta forma, se ha planteado un
esquema de revisión de la literatura, donde se toma la clínica desde una mirada
pancultural, la clínica como una pretensión científica y por último, la clínica
como un producto de los procesos
sociales.
En última instancia,
proponemos un cuadro paralelo entre los dos tipos de clínica planteados
(clínica anglosajona y clínica francófona), para hallar una diferencia entre
los postulados metódicos y conceptuales de la misma, que puede ayudarnos a
generar una visión crítica de la clínica, para saber qué debemos entender por
clínica. Terminando entonces, con la presentación de las conclusiones y una
reflexión personal.
LA
PSICOLOGÍA CLÍNICA EN LA HISTORIA: UNA MIRADA PANCULTURAL
Podemos empezar con la
pregunta más espinosa de la psicología: ¿Qué es la psicología clínica? Y encontramos
que: “En el caso de la psicología la
cuestión de su esencia o más modestamente, de su concepto pone también entre
dicho la existencia misma del psicólogo pues a este, incapaz de poder con
exactitud decir que es, le resulta muy difícil contestar que hace.” (Canguilhem, Pág. 89).
Ahora bien, la
psicología clínica se podría definir como la ciencia que intenta dar respuesta
a la necesidad que tiene un sujeto de entender lo que sucede en su interior, en
su “yo” interno, pero por otra parte, también podríamos definirlo de la manera en
que lo define Strickland en su libro fundamentos
de la psicología clínica, donde dice que: “la psicología clínica pretende ser un campo, una disciplina, una
ciencia y una profesión que cubra en rango y totalidad la conducta humana.” (Strickland,
2001 pág. 1).
Dicho lo anterior, la
psicología clínica se intenta explicar desde diferentes campos, por lo tanto
también es preciso que intentemos buscar sus raíces en otras disciplinas, como por
ejemplo la medicina. Al hablar de psicología clínica, localizaremos nuestras
raíces en la práctica medicinal, y especialmente en algo que hace alusión a la
palabra clínica, la “enfermedad”. En la historia, el hombre siempre se ha
dedicado a tratar de darle solución a sus dolencias. Por ejemplo, nuestros
antepasados “prehistóricos” encontraron la forma de darle solución a lo que
podría ser perjudicial para ellos, luego los egipcios desarrollan unas
aproximaciones a lo que es la medicina, generando remedios para sus
enfermedades las cuales suministraban a los gobernantes y a los soldados, este
conocimiento de lo clínico estaba presente en cada una de las culturas emergentes
a través de la historia (Strickland, 2001).
A posteriori,
encontraremos la psicología como el estudio de la psique, pero en realidad este
estudio es tan antiguo como lo es la humanidad, debido a que en la antigüedad
muchos intentaron explicar los sueños, las enfermedades mentales, las emociones
y las fantasías. Aun los griegos como platón y Aristóteles, que trataron de dar
cuenta de la experiencia cognitiva humana, intentando explicar procesos como la
memoria, la percepción y el aprendizaje. Más adelante en la escala histórica, se
destaca a Fechner como padre de la
psicología cuantitativa o psicofísica; pero quien en realidad fue el fundador
de la psicología como ciencia experimental, fue Wilhelm Wundt, con todos sus
aparatos para medir la conciencia. Según él, existían dos tipos básicos de
experiencia mental: sensaciones y sentimientos (Braunstein, 1970). Con sus
experimentos, Wundt hizo de la psicología una disciplina, acercándola a un
estatus científico, pero no podemos desconocer que la psicología de Wundt
devenía de la fisiología -una rama propia de la medicina-.
En la historia
encontraremos entonces, cómo la psicología clínica comparte con la medicina el
contacto con el individuo, este contacto que le dará a la psicología por medio
del método dialectico una terapia para el “enfermo” -psicoterapia-.
“Para
comprender el sentido y la estructura de la experiencia-clínica, es menester
rehacer primeramente la historia de las instituciones en las cuales se
manifestó su esfuerzo de organización” (Foucault, 2007 pag.75).Que
mejor que denotar el espacio institucional de donde surgió el interés por el
sujeto, por la casuística, es decir, los hospitales.
Los hospitales que
provienen de la palabra latín hospes, que
significa “huésped o visita”, se transforman en lugares donde se llevan a los
enfermos a pasar los últimos días de su vida, puesto que en esta época, se tenía la concepción de que la enfermedad
era ocasionada por una divinidad como un castigo. De esta manera, era necesario
que la enfermedad que estuviera en el cuerpo. Los hospitales eran dirigidos
principalmente por el clero católico -aproximadamente para el siglo XVI-, donde
intervenían monjas y personas las cuales querían limpiar sus pecados ayudando a
otros a morir de la mejor manera. En estos lugares, los médicos sólo se dedicaban
a visitas domiciliarias, las cuales podían pagar las personas que tuvieran
poder adquisitivo para gozar de este servicio (Foucault, 2007).
Con el tiempo, en el siglo
XVIII, se dará un cambio a la forma de ver los hospitales y nacen las clínicas
como lugares de estudio del cuerpo humano, los cuales en algún momento son
utilizados como auspicios para los estudiantes de la nueva medicina, para que
ellos pudieran aprender sobre la fisiología humana.
Continuando con la
historia de la psicología clínica, se tratará de dar un referente al nacimiento
de la clínica en el continente europeo, aunque sólo hasta finales del siglo
XVIII según Foucault (2007), se da la aparición en este contexto, de las
primeras clínicas. Por otro lado, en 1658, François de la Boe abre una escuela
en el hospital de Leyden y publica sus observaciones bajo el título de Collegium Nosomium. (Foucault, 2007;
pág. 85). Las cuales luego retomará uno de sus sucesores, Boerhaave y más tarde
son los discípulos de Boerhaave quienes en 1720, reforman la universidad de
Edimburgo y crean una clínica sobre el modelo de Leyden; las cual fue imitada
por otras universidades como la de Oxford, Cambridge, Dublín.
Subsecuentemente, con
la revolución francesa, no sólo se da el nacimiento de una clase media y otra
popular, sino, que por otro lado se abre las puertas a las clínicas mentales. Puesto
que los enfermos mentales eran tratados en deplorables condiciones, en las
cuales los aprisionaban con grilletes y no les daban buena alimentación; esto
cambiaria cuando Philippe Pinel pidió que se les diera a los locos derechos de
igualdad por los cuales había luchado en la revolución (Strickland, 2001 pág.
7). De la misma forma, que en Inglaterra también se dieron avances en cuanto
al tratamiento de los enfermos mentales,
llevando a los enfermos mentales a lugares alejados de la sociedad, con mejores
condiciones de vida. Estos son indicios, de que los médicos dejaban el antiguo
calificativo de “endemoniados” para el cristianismo y se le da una figura de
enfermo mental.
Pero como llamar a un
sujeto “enfermo mental”, aun no es claro
para la época, debido a que todo aquel que sufría un trastorno mental, era categorizado
y llevado a una clínica para ser tratado. Las formas de tratar a estos
individuos en sus principios experimentales dejaban ver lo nuevo del método
clínico, el cual por medio de prácticas rudimentarias trataban a estas personas
bañándolas con agua congelada, electrochoques, etcétera.
Propiamente luego,
surgiría el psicoanálisis por la ingenuidad del médico Sigmund Freud, alumno de
Charcot, el cual con su nueva teoría de la mente como un aparato psíquico, le
da forma a una formulación de la cura por medio de la escucha, el gran aporte
de Freud se basa en ponerle atención a lo que las mujeres enfermas de histeria
revelaban en sus secciones de lo que el llamaría psicoanálisis, Freud descubrió
la importancia de un análisis más profundo del inconsciente, pre consiente y consciente.(Foucault,
2007); En este momento, el joven Freud intenta buscar una forma que vaya más
allá de la física, para darle respuestas a estas enfermedades que no tenían
ninguna razón en el cuerpo del paciente,
pacientes a los cuales Freud con su terapia primeramente de la hipnosis
aprendida de Charcot en Francia no lograba dar respuesta duradera a la causa
propia de la enfermedad, a lo que completará más adelante Lacan diciendo:
“Este
interés del yo es una pasión cuya naturaleza había sido ya entrevistada por la
estirpe de los moralistas entre los cuales se la llamaba amor propio, pero de
lo cual sólo la investigación psicoanalítica supo analizar la dinámica en su
relación con la imagen del cuerpo propio” (lacan, 1998;
pág. 409).
Sin embargo, mientras en Europa-especialmente en Francia-,
nacía una nueva psicología que trataba de acercarse a las ciencias, por medio
de la medicina, en otro continente la historia cambiaria para la psicología
como ciencia.
“La
conciencia no aparece cortada en pedazos por sí misma, palabras tales como
<<cadena>> o <<tren>> no la describen convenientemente
tal y como se presenta en primera instancia.” (Sahakian,
1987; pag.423). Esta frase referencia al
comienzo en Estados Unidos de su etapa positivista, especialmente al
conductismo, donde este enfoque, tratará de encontrar siempre una relación
entre un estímulo y una respuesta (E-R), como una forma de ver la clínica desde
lo científico, como una psicología que intenta dar respuesta de “cura” a una sociedad
enferma.
Tras la guerra civil de
Estados Unidos, el funcionalismo domina la psicología norteamericana, (esto da
entrada a la primera generación de psicólogos americanos que tratan de
establecer la psicología norteamericana como ciencia), estamos hablando aquí,
de William James, George Trumbull Ladd y G. Stanley Hall. (Sahakian, 1987).
Estos psicólogos con
sus teorías funcionalistas y muchos aportes tomados de la psicología de Wundt,
le dan entrada a otras corrientes psicológicas que tratan de definir la
psicología como una cura para las afecciones de los sujetos, convirtiéndola en
una ciencia. Podríamos ver luego, como en Estados Unidos nace la psicología de
la capacidad de Cattell, intentando explicar las diferencias individuales, la
psicología evolutiva de Hall y Baldwin con su genética, la psicología
comparativa de Thorndike en lo referente a la inteligencia animal, lo que luego
tomaría el gran poderío en Estados Unidos, con el nombre de conductismo-que aún
hasta le fecha tiene gran auge-.
La psicología en EE.UU.
se inclinaría pues, hacia la conducta de
los sujetos como principal foco de atención. Lo que en consecuencia, daría pie a
un sin número de investigaciones que intentaban por todos los medios dar respuesta
a lo que en ese momento de la historia se les exigía, tratar de controlar la
conducta de los sujetos para que pudieran servir a los fines del gobierno Estadounidense.
De esta forma, la psicología se aleja de tratar de entender al hombre como ser
integro, como lo proponía Freud y otros autores desde Europa, y ofrece todos
sus esfuerzos al condicionamiento clásico y las teorías de E-R. Lo que para
ellos hacia ver la psicología como un medio utilitario, en los psiquiátricos de
Estados Unidos, por ejemplo, se toma el
conductismo como forma de tratar las enfermedades mentales -que toma fuerza con
su métodos y sus técnicas de “cura” rápida-, la cual suponía la respuesta para
los enfermos mentales de la época.
LA
PSICOLOGÍA PRETENCIOSA Y EL CIENTIFISMO DEL SUJETO
Por una psicología
pretenciosa entenderemos en el presente escrito, a la psicología de auspicios
científicos y metódicos que se desliga de una fuente con criterio,
convirtiéndose en una filosofía sin rigor -en su eclecticismo sustentado en un
criterio de objetividad-, una ética sin exigencia y una medicina sin control
(Canguilhem, 2009). Por tanto, por psicología científica o pretenciosa se
entenderá una psicología que generalice al individuo a través de medidas y
acciones estandarizadas, una psicología clínica de los test y los medicamentos,
una psicología anglosajona.
Inicialmente podemos
acuñar el problema a Wundt -padre de la psicología científica-, sin embargo, no
sería perfectamente claro, si la culpa se debe a sus estudios animosos de medir
ciertos aspectos de la mente humana o a sus resultados idolatrados como idóneos
y espectaculares. Podemos describirlo de la siguiente manera: Wundt creó el
laboratorio de psicología sólo para que se dijera que la psicología era un
campo productivo y que por ello, debía invertirse en ella, aunque el total de
ingresos sólo se debiera al auge de un pequeño grupo de “bastardos con gloria”.
Los antecedentes de la
psicología clínica son tan confusos como su misma definición, es por ello, que
a muy pocos psicólogos, les guste profundizar en banalidades históricas, lo
preciso es invertir dinero (tiempo) en algo que genere más dinero. De esta
forma, nos permitimos adentrarnos en un entorno donde la psicología clínica ha
tomado los rumbos de generar una sensación -pero no al individuo-, de un falso bienestar
tan anhelado como la remoción al estado fetal de los gobiernos.
De ahora en adelante,
en esta parte del escrito nos dirigiremos a la psicología clínica como la
clínica anglosajona.
La
clínica anglosajona tiene sus orígenes inicialmente en la segunda guerra
mundial, es decir, que la clínica anglosajona es resultado, por no decir hija,
de la posguerra (Phares,
&Trull, 1997).Fue el contexto de la guerra quien
exigió de la ciencia de la mente, el calificar las habilidades de los sujetos.
El surgimiento del interés por medir las facultades mentales fue completamente
provechoso, para reclutar hombres lo suficientemente decentes y capaces de
combatir, aunque no se ha develado, que el análisis de la facultad mental se
haya aplicado como estrategia de combate.
Para
la clínica anglosajona, su nominativo puede hacer referencia tan sólo a un
conjunto de métodos de investigación para el tratamiento y curación de las tan
famosas enfermedades mentales puede clasificársele como una ciencia dentro de
esta idea. “La Psicología Clínica es la
rama de la ciencia psicológica que se encarga de la investigación de todos los
factores, evaluación, diagnóstico, tratamiento y prevención que afecten a la
salud mental y a la conducta adaptativa, en condiciones que puedan generar
malestar subjetivo y sufrimiento al individuo humano” (Amar, 1986; Pág. 90).
Sin embargo, esta definición no se veía sobresalir aun de la clínica, puesto
que hasta el momento de la guerra, la clínica sólo se dedica a la evaluación.
Toda
la adopción de modelos de medición, se debe a que la clínica anglosajona tenía
el interés de normalizar a los sujetos bajo la pretensión de poder
universalizar lo conceptos de la mente, y que estos sirvieran para poder
reclutar a los hombres para la guerra, pero la repetición de lo que sucedió en
una época, no es sólo generalizable por el hecho de que pueda volver a ocurrir
(Popper, 1991). Es decir, que una vez utilizados los modelos de medición para
el reclutamiento, por qué seguirlos utilizando para la práctica terapéutica.
Pero,
qué podríamos pensar de una ciencia que mide toda una serie de sucesos sin un
supuesto teórico, qué podemos decir de la relación que se establece entre el número
de sucesos que ocurrieron durante la segunda guerra mundial y la descripción de
los sujetos “enfermos”. Se supone que las medidas antropométricas y el
desarrollo de los test sustentarían toda esta barbarie de medición para ir a la
guerra.
Todo
este ánimo de tomar a los sujetos y sus supuestos casos particulares, no era más
que un deseo por medir y obedecer al universo del número (Caponi, 2010), para
hacer el área más científica. El sujeto se torna pues, en una especie de objeto
para medir. Así como el nacimiento de la frenología cautivaría en el universo
anglosajón, con la pericia de ciertos saberes sobre lo que el sujeto será o no
podría ser, la medición evaluativa se aseguraría que el destino del país no
estuviera en las manos de hombres sin protuberancias para la guerra. Lo
anterior, no puede derivar en algo más que no sea un acercamiento inductivista
al descubrimiento de un supuesto saber para explotar, donde la experiencia de
los hechos se virtualiza en la predicción de los mismos en otros espacios
(Popper, 1991).
Para
el primer momento de la clínica anglosajona, podemos hablar de un carácter
predictivo-científico, que más tarde, bajo la asimilación del psicoanálisis conducirá a esta nueva
ciencia, hacia los lineamentos de la psicopatología de la conducta anormal.
Ahora
bien, qué sucedería si pusiéramos en cuestión y criticáramos todo ese modelo de
medición en el ser humano, el cual no se halla guiado por un propio método ni
modelos desde la psicología. Pues bien, según Popper, pretender la sola
observación de los hechos para hacer ciencia no es más que una utopía (Popper,
1991).Qué sucede entonces, cuando una teoría es falseada por su no criterio de
validación frente a los sucesos de la experiencia. En respuesta, esta ciencia
debe utilizar un modelo lo suficientemente complejo que describa la realidad.
Pero ¿Cuál realidad?, seguimos hablando de la realidad de la psicología, más
aun de la realidad de la clínica anglosajona.
¿La
realidad debe cambiar para que los estudios se puedan aplicar, o los métodos
deben cambiar para la realidad, o son ambos -tanto métodos como realidad- los
que cambian en el devenir de la historia? Si nos concentramos de nuevo en la
historia de la clínica anglosajona, podemos encontrar que se da un cambio en la
realidad, exigiendo no obstante, cambios en los métodos. Es de esta manera,
como la psicología clínica se instituye en espacios propios para el tratamiento
de los enfermos mentales, ahora pronunciados como héroes de guerra, y es aquí donde
la psicopatología toma fuerza evaluando a los hombres que una vez sirvieron,
pero que ahora no sirven puesto que son anormales conductualmente. (Phares, & Trull, 1997).
Hablar del ser humano como normal y anormal en términos de su comportamiento,
puede ser complicado; debido a que eran hombres normales para la guerra, y
ahora, una vez acabada la guerra no se sabe dentro de la escala normal de nueva
sociedad donde se ubican. Por supuesto en las desviaciones.
Mientras
que por otra parte, se denuncia en Europa el surgimiento y establecimiento de
un método sobre los casos de enfermedades que no pueden ser curadas con métodos
médicos; nada más y nada menos que el psicoanálisis Freudiano.
El
psicoanálisis rompía con todos estos esquemas de movimiento psicométrico,
generalista y normalizante, que quedó después de la guerra. Según Freud el
psicoanálisis debía especializarse en escuchar las particularidades que
aquejaban al paciente y que no eran escuchadas por lo médicos. Puesto que el
medico: “No puede comprender la histeria,
ante la cual se encuentra en la misma situación que el lego. He ahí algo bien
ingrato para quien tanto se precia de su saber en otros terrenos. Por eso los
histéricos pierden su simpatía; los consideran como unas personas que infringen
las leyes de su ciencia, tal como miran los ortodoxos a los heréticos; les
atribuye toda la malignidad posible, los acusan de exageración y deliberado
engaño, simulación, y los castigan quitándoles su interés” (Freud, 1994; 2).
Lo
que pronunciaba el modelo Freudiano no era más que una ruptura epistemológica
con aquel modelo cuantitativo, debido a que el sujeto no podía comprenderse en
términos de medición, diagnósticos y recetarios psicofarmacológicos –aspectos
que surgían con la psicopatología-, el sujeto “necesita ser escuchado”. Ahora, por qué no tomar el modelo de Freud
para comprender lo que Kuhn llamaría un enigma (Kuhn, 1983).Para Freud la
existencia de un modelo que mide y predice el comportamiento, no tiene cabida
en su método. Por eso, el propone un nuevo modelo para intentar resolver el
“enigma de la histeria”.
Luego
entonces, cuando un modelo no es capaz de explicar algo para una ciencia,
generando la explotación de los avances conseguidos, simplemente no puede tener
una visión universal para un grupo de científicos, no describe entonces, una
visión paradigmática (Kuhn, 1983). Lo que Freud propuso, no fue aceptado en su
momento por los paradigmas científicos de la época, y aunque la clínica
anglosajona intentaba desligarse un poco de los erradicántes modelos médicos,
no aceptaba de lleno los planteamientos psicoanalíticos, por lo menos no hasta
que toda tendencia a predecir y condicionar el comportamiento desapareciera de
la investigación anglosajona.
Adicionalmente,
en vista de que el modelo de Freud no podía ejercer cambios conductuales en
poco tiempo, se planteó una clínica psicodinámica (Amar, 1986). La clínica
anglosajona de la psicodinámica, pretendía un modelo de menor consumo de tiempo
en las intervenciones; aunque psicólogos como Eysenck y otros británicos no
concebían ni los modelos psicoanalíticos ni los modelos psicodinámicos,
procurando de todos modos, la evaluación y la investigación, rechazando todo
supuesto que contradiga la tradición científica de la observación y la medición.
El
punto clave de la discusión, gira en torno a la aplicación de investigaciones
sobre un supuesto campo de saber o sobre la preocupación por el individuo-que
curiosamente se convertía cada vez más en un objeto- y sus particularidades. ¿Qué
podemos esperar entonces? Que la clínica anglosajona se dedique solamente a
investigaciones o que sólo pretenda abordar las enfermedades con métodos lo
suficientemente efectivos, ¿cuál es la intención, sujeto u objeto? La respuesta
no es simple, debemos retomar la historia de la clínica para poder dar
respuesta a su intento por comprender al sujeto, como también su deseo heredado
de la psicología por ser ciencia.
Ahora
bien, si recordamos la estrecha relación del sujeto con la enfermedad, llegamos
al punto de pensar que la enfermedad no está ligada al sujeto, sino que los
momentos históricos y sociales la han convertido en una definición tan
polisémica como el mismo epíteto clínico, y por tanto, encontramos que la
clínica a través del tiempo no ha descubierto mayor cosa sobre el individuo,
solo ha construido todo un corpus de posibles falsos conceptos sobre el sujeto,
que debe ser convertido en objeto, si la clínica se concibe como ciencia.
¿Entonces que acercamiento se puede hacer sobre el objeto de la clínica, o
mejor aún cuál va a ser el objeto de la clínica? -pero como esto se retira un
poco del presente escrito, sólo podemos decir que la anterior cuestión puede
ser material para otro escrito, por ejemplo sobre el objeto perdido de la
clínica-.
El
único problema es que cuando se realiza una lectura de la realidad, simplemente
percibiéndola como tal, no se puede describir lo que es realmente el sujeto.
Dicho de una forma más clara, cuando el sujeto es descrito en términos de
medición, ¿qué estamos midiendo? Cada vez que se desarrollan más modelos que
otros paradigmas no han podido describir, el método se convierte en un simple espectáculo
(Bachelard, 1976). Lo que Freud planteó para los teóricos de la época fue una
revolución científica, pero cómo tomar esto como una revolución de las ciencias
–lo más lógico es que una ciencia tenga su objeto definido, una relación
sujeto-objeto y un método que le garantice la respuesta al fin común-. (Kuhn,
1983). Pero a medida que el método psicoanalítico se acercó a la clínica
anglosajona, no pudo evitar convertirse en un modelo destacado, ya que los
psicólogos clínicos pedían poder diagnosticar y curar, aunque los psiquiatras
se resistieran a ello. Pero el modelo de extrapolación conductista de la época,
obligó a psiquiatras y psicólogos clínicos a trabajar en conjunto y a recibir
el psicoanálisis como medida terapéutica (Durán, 2007).
A
pesar de todo esto, se continúa buscando una mayor relación hacia lo humano. Y
es en este camino, que surge la psicología humanista como medida a incursionar
en la terapia y método clínico anglosajón. En este tipo método, la estrecha
relación simplemente no puede pasar de percibir el obstáculo de la experiencia básica
de la terapia (Bachelard, 1976). El método describe dos personas
interactuantes, cliente y terapeuta, qué cambio hay. Por supuesto que la
metodología humanista traerá consigo unos aportes a la clínica anglosajona,
tales como la posición que se le da al sujeto de ser el que se encarga de
recuperarse, puesto que es él mismo quien desea autorealizarse como sujeto,
(Maslow, citado por Amar, 1986), aunque esta misma apreciación humanista continúa
desvirtuando la clínica de su origen, debido a que esto sólo se convierte en
una terapia de superación, donde el propósito es curar al otro y donde el
psicólogo o terapeuta tiene voz moral para ejercer sobre lo que debe hacer la
otra persona; de nuevo no hay una delimitación marcada entre sujeto-objeto para
la supuesta ciencia de la clínica anglosajona(Amar, 1986). A lo que intentamos referirnos, es que ahora
no solo se desvirtuó el objeto, sino también el método, puesto que todo psicólogo
que tenga corazón de simpatía, podrá ser terapeuta humanista.
Es
claro que la clínica anglosajona no ha podido liberarse de sus antecedentes
cuantitativos de la investigación, como tampoco puede desligarse de la
tradición médica, lo que la lleva a plantearse toda una serie de pruebas y test
que poco dicen sobre el sujeto, sino que más bien, lo desparticularizan de su
esencia, como tampoco podrá acercarse lo suficiente hacia al sujeto, en la
medida en que son solamente intentos que ha establecido, y el sujeto de la
clínica anglosajona no es uno, así como la clínica, que deriva de la psicología
general, alejándose cada vez más como disciplina de las paradojas del sujeto y
su alma (Sampson, 2000).
ORÍGENES DE LA
PSICOLOGÍA CLÍNICA EN EUROPA
¿Podría pensarse el
surgimiento de la clínica y más aún de psicología clínica como un proceso ajeno
a los cambios sociales?
En primera instancia
nos atreveríamos a decir que la clínica como método y forma de concepción del
sujeto en el tratamiento de las dolencias posee un distanciamiento frente a
otras formas de concepción, donde dichos individuos son víctimas de las
enfermedades, espíritus malignos o como
se categorizaría en términos modernos a los agentes patológicos alrededor de lo
normal y lo anormal. La clínica, y la psicología clínica se presentan
efectivamente como manifestación clara de un cambio social en la concepción del
sujeto y más aun de lo que podría llamarse enfermedad.
La
medicina y la filosofía en Grecia
La clínica como método
podría tener sus orígenes en la antigua Grecia desde el pensamiento filosófico,
donde la labor de filósofo y el médico consiste en el indagación meticulosa
sobre los fenómenos de la naturaleza que son
humanos, es decir procurar al máximo realizar una exploración exhaustiva
de cada uno de los fenómenos que rodean o que se encuentran dentro de los
sujetos, teniendo como premisa la búsqueda del conocimiento, sin pretender poseer un conocimiento absoluto
sobre las cosas, la frase socrática resume claramente la posición del filósofo
frente al saber “solo sé, que nada sé” y es precisamente la posición que debería asumir el médico o el psicólogo
clínico frente al padecimiento. Ahora bien al referirnos a la postura del
filósofo hablamos de la actitud que caracteriza o debería caracterizar al
médico y al psicólogo clínico, dado que la clínica no podría tener su origen si
no en la tradición médica y esta su vez en tendría sus bases en la tradición
filosófica, cosa que hasta tiempos modernos aún se mantiene. Aparece entonces
en la filosofía clásica un división de la concepción de la enfermedad, una con
una tradición médica y otra de tradición filosófica que nacen juntas; entre el
dualismo de alma y cuerpo, la primera de ella correspondiente a los médicos,
encargados a lo llamado enfermedad del
cuerpo y otra a los filósofos, en la labor terapéutica y por tanto
dedicados a curar la enfermedad del alma.
Anthony Sampson (2000) nos expone la aparición de esta analogía; “…es seguro que los filósofos sólo podrán
postular la enfermedad del alma, porque ya hay algo que los médicos llaman la
enfermedad del cuerpo y con el cual habrá una estrecha relación analógica.”
(Pág. 236) Es a partir del pensamiento Griego, desde las postulaciones de
Hipócrates donde se le dispone a los hombres un cuerpo individual, único y
mediante el cual el alma individual y única podrá manifestarse y mostrar sus
dolencias particulares, más adelante; Anthony Sampson afirma; “Pero la analogía enfermedad del alma /
enfermedad del cuerpo no es concebible antes del nacimiento de una medicina
coherente, es decir antes de los textos Hipocráticos” Pág. 236). Las concepciones filosóficas y
médicas frente a la dolencia y enfermedad, desde los tratados
Hipocráticos se mantendrían sin mucha modificación hasta comienzos de la
Edad Media.
La
Edad media
En esta época, la
concepción de la enfermedad y el tratamiento hacia los enfermos tendría una
visión de corte teológica; se establece entonces como lo plantea Tomas Kuhn,
una “ruptura paradigmática” sobre
cómo concebir la enfermedad y sobre todo al que la padece. Ante esto, la
enfermedad seria tratada como una manifestación demoniaca en las personas que
cayeron víctimas de las obras del demonio y en últimas que sucumbieron ante el
pecado. La tradición médica se restringía
sólo a la iglesia y a unos pocos
médicos que arriesgándose a la inquisición desarrollaban la labor de la antigua
tradición de Hipócrates. Este cambio se
presenta porque un paradigma termina siendo obsoleto para dar cuenta sobre la explicación de un
fenómeno, como Kuhn (1983) pronuncia; “Los
paradigmas obtienen su status como tales, debido a que tienen más éxito que sus
competidores para resolver unos cuantos problemas que el grupo de profesionales
ha llegado a conocer como agudos” (Pág. 51-52).
En la Edad Media, el
método para exorcizar a los demonios que se manifestaban en la enfermedad del
cuerpo o en desordenes del comportamiento, seria ahora el método; la
demonología como área de conocimiento del demonio en el cuerpo y la oración, la
tortura y el abandono a los poseídos, como intentos de cura. Este cambio de
método lo denotan Phares,
&Trull, (1997) que: “desde
Hipócrates hasta la caída de Roma en 476, la medicina y sus complicados modelos
fueron los que dominaron el ambiente para explicar las enfermedades mentales”
(Pág. 39). Desde comienzos de la Edad Media se muestra un cambio en la forma de
intervenir a la enfermedad y de cómo “curar” al poseído, al hereje o al
pecador, este autor más adelante afirma “Más
tarde, la Iglesia se quitó los guantes y dejo de ser amable y comprensiva. Los que mostraban o eran sospechosos de
conductas equivocadas, comenzaron a ser tratados como herejes poseídos y bajo
el control del demonio” (Phares,
&Trull, 1997; Pág. 40). En ese sentido, los
sacerdotes que ejercían ahora la medicina iban en búsqueda de señales de
conducta o señales en el cuerpo de los individuos, “vestigios” de la existencia
de una presencia demoniaca.
Siglo
XVI
Sin embargo al avanzar
en el tiempo la concepción de la enfermedad como manifestación demoniaca
comenzó a desplazarse gradualmente en términos de la determinación de espacios
para estas personas designadas, como el confinamiento en centros hospitalarios
a comienzos del siglo XVI en Inglaterra. Posterior a esto, ya en el siglo XVII,
la concepción de la enfermedad mental como manifestación demoniaca pasó a verse
como un trastornó a nivel cerebral y es desde aquí, que nace el trastorno que
se confina en el término de la “locura”; aprisionado al mal funcionamiento del
cerebro. Todo esto se dio gracias a que la iglesia y la monarquía, comenzaron a
perder poder en la sociedad y por lo tanto se le delegó paulatinamente la labor
de “curar” a los médicos. Nos encontramos entonces con un cambio de paradigma,
la renovación de las ciencias baconianas impulsadas por espíritu empirista y
racionalistas, una renovación del espíritu científico mas, no a lo humano y se
establecerían, que los ojos pondrían atención objeto, la enfermedad, mas no al
enfermo. Las condiciones de vida de las personas en estos centros no eran las
mejores, Phares,
& Trull, exponen que “Los
locos se convirtieron en poco menos que prisioneros. Vivian en condiciones
infrahumanas y más que nada lo que importaba era su custodia” (1997; Pág. 41).
Sin embargo, es sólo en la instauración de los centros “hospitalarios” donde la
clínica podrá encontrar la posibilidad de desarrollarse y postularse como
método observacional y de análisis de casos en la medicina; es decir, la
clínica como un método que busca a través de la observación de casos
particulares, encontrar una verdad, no la verdad del médico, sino la verdad por
la cual el enfermo padece y cómo éste en su particularidades la expresa. Obviamente,
este proceso no se dio de manera inmediata, citando a Foucault “En el siglo XVIII, la clínica no es una
estructura de la experiencia médica, sino que esa experiencia en el sentido por
lo menos en que es prueba: prueba de un saber que el tiempo debe confirmar,
prueba de las prescripciones a las cuales el resultado dará o no la razón y
esto ante el jurado espontaneo que constituyen los estudiantes” (2007; Pág. 94-95). En este sentido, en el entorno hospitalario se le puede dar ahora
un seguimiento a la enfermedad y al enfermo y además de ello, ser demostrable o
puesto a prueba ante una sociedad o un grupo de estudiantes o personas.
Siglo XIX
En
Europa, después de la revolución Francesa, hay un replanteamiento sobre el ser
humano y sobre cómo debería tratarse la enfermedad en los sujetos; ante esto,
comienzan a juzgarse las condiciones y los tratos “brutales” a los cuales las
personas con enfermedades mentales eran sometidas. A partir de eso,
representantes del pensamiento francés de la época como Pinel y el Inglés William Tuke, Trabajaron
arduamente para cambiar las condiciones de centros hospitalarios y centros de
salud mental, paralelamente en Estados Unidos se gestaban también la mismas
condiciones sobre el cómo tratar a los enfermos mentales, Trull & Hares
rescatan la labor que Pinel aporta al desarrollo de la medicina representada en
la psiquiatría y la psicología clínica: “Aun
no está claro si los avances de Pinel se deben considerar como logros
personales o desarrollo lógicos que resultaron de la filosofía de Rousseau y
del idealismo de la revolución francesa. En cualquier caso su obra marco un
hito en el desarrollo de la psiquiatría del enfoque de la salud mental y por
último de la psicología clínica” (2003; Pág. 32).
Ahora
bien, centrémonos en una de las raíces filosóficas que influye en el
surgimiento de la Psicología clínica en Europa. Las corrientes de pensamiento
predominante en Europa entre los siglos XIX – XIX, se replanteaban la
concepción sobre el individuo, el sujeto en términos más pertinentes: Uno de
ellos fue propiamente la fenomenología replanteada por Heidegger en un giro
hermenéutico a partir de los postulados inestables y simplista propuestos por
su antecesor Husserl, del cual la psicología clínica Europea y propiamente
dicha, la Psicología existencialista Europea tomaría como base principal para
la centralización del concepto de su objeto de comprensión, el sujeto, de los cuales
también se desprendería un método de abordarlo. La psicología clínica
entendería al sujeto como una entidad activa, generadora de un significado
propio sobre el mundo y en la capacidad de construir la realidad y de aportar
para la constitución de la misma, de la cual, a través de ella el sujeto
encontraría el espacio para el padecimiento. Por lo tanto para la psicología
clínica francesa, será él entonces, la enfermedad como el resultado en parte de
la interiorización del sujeto sobre la realidad que produce dicho padecimiento;
por ende, la enfermedad deberá ser significada y entendida desde la
individualidad y no sólo como una generalización de bases funcionales y
biológicas del individuo que esta por fuera de su significación (F. Moreno
2002).
Para
terminar la aproximación del antecedente histórico del desarrollo de la clínica
y la aparición de la psicología clínica. No se debe dejar a un lado los aportes
que la estadística y la implementación de las pruebas psicometrías, realizadas
a partir la medición de Binet, Galton y Catell, se desarrollaron para medir las
capacidades, aptitudes y actitudes, personalidad, selección de personal, etcétera.
Todas estas mediciones sirvieron como punto de partida no sólo para la
psicología clínica, sino también, para psicología en general para desarrollar
diagnósticos sobre las personas de manera rápida. Los aportes de la estadística
y los test, fueron de gran importancia para el desarrollo de la psiquiatría, la
psicología en general y para la clínica en términos de evaluación y diagnóstico.
Tal vez, dicha masificación de los test psicológicos y la necesidad de
psicólogos clínicos sobre todo en Estados Unidos, no hubiese tenido semejante
auge de no ser por el contexto de guerra por el cual atravesaba el mundo por
esta época. En todo caso, en esta instancia cabría preguntarse si la psicología
clínica debería reducirse a términos de aplicación de test o pruebas
psicométricas, o si la tradición clínica le exige algo más que la
interpretación de los datos arrojados por las pruebas. Ahora tendríamos que
pensar bien, qué implica el método clínico en psicología, porque si entendemos
desde los planteamientos fenomenológicos
un sujeto que es activo, que significa la realidad de modo particular y
más aún, que construye una realidad
propia, que entra en relación con la de otros, donde la psicología
supuestamente debería tratar de entender, no deberíamos reducirla a la simple
aplicación de test que abarcan lo que una teoría pretende conocer sobre un sujeto generalizado, que se aleja del
objeto o el fenómeno de abstracción y se
aparta de este modo, de lo humano. En este sentido, la clínica debería estar
dispuesta a utilizar tanto métodos de compresión del individuo, como individuos
en el mundo y no limitarse en la categorización y la etiqueta que proponen las
pruebas, las escalas o manuales; la etiqueta precisamente, obstruiría en la compresión
de dicha realidad sobre sujeto que padece, y su significación. Como Paul
Feyerabend (1989) afirma en su crítica contra el método: “No es posible justificar las teorías, ni posible mostrar su excelencia
sin referirse a otras teorías” Pág. 3) es decir, que los métodos se alejan
del objeto. En este caso, sería un buen punto de partida para discutir sobre
las implicaciones de llamar a la psicología clínica Estadounidense en el
sentido propio, como una clínica.
DISCUSIÓN
En
esta parte del escrito presentamos una comparación entre la clínica francófona
y la clínica anglosajona, con el objetivo de encontrar algunas diferencias en
los conceptos, el método y la concepción del sujeto. La descripción del cuadro se realiza en base
a los elementos ya mencionados anteriormente, como la historia de la clínica;
en adición a los planteamientos de George Canguilhem citados por Caponi en su
texto “Canguilhem: del cuerpo subjetivo a
la localización cerebral”.
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CLÍNICA
ANLGOSAJONA
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CLÍNICA
FRANCOFONA
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Ø Las
enfermedades se conciben como nosologías cuantificables y categoriales en
manuales estadísticos para poder medir las desviaciones de una conducta
normal.
Ø Medición
y cuantificación de los comportamientos anormales es importante para
establecer localizaciones de posibles daños cerebrales que causen desvíos en
el comportamiento.
Ø La
medición es necesaria para poder hablar de los casos de muchos casos para
realizar una aplicación verdaderamente contundente a la resolución de las enfermedades.
Ø El
sujeto debe considerarse como un ser pasivo, puesto que responde a un juego
de estímulos, cuya respuestas deben ser anticipadas y predecibles, de lo
contrario el enfermo no es más que un caso de desviación típica.
Ø La
relación del sujeto con su entorno es una relación de tipo de desempeño,
donde el sujeto no puede realizar sus actividades por el hecho de estar enfermo.
Ø Se
refiere al estudio de lo observable en el sujeto y de sus relaciones con el
medio.
Ø Se
dedica al diagnóstico, evaluación y modificación de los comportamientos
anómalos.
Ø El
diagnóstico y la evaluación se realiza a través de test psicométricos.
Ø Existe
un conjunto de métodos para tratar al sujeto, dependiendo de la concepción
teórica en la cual se apoye el terapeuta. Por ejemplo el método humanista y
el método psicoanalítico.
Ø Se
ejerce una relación en la psicoterapia entre el paciente y el psicoterapeuta.
Ø Se
evalúan las características de la personalidad mediante el uso de test o
cuestionarios.
Ø Los
psicólogos mejoran el desempeño de los sujetos en sus actividades cotidianas.
Ø Definición
del sujeto en términos objetivos, utilizado los test para describir de forma
rápida lo que el sujeto padece, siente o piensa y de esta forma, predecir su
conducta en un medio social.
Ø Énfasis
en la interacción verbal como no verbal del sujeto y el terapeuta.
|
Ø Lo
que importa es el cuerpo subjetivo, que expresa mediante el síntoma, el
sufrimiento del sujeto.
Ø No
es preciso dividir el síntoma del sujeto, puesto que este no es un simple
enfermo, es un sujeto a través de la enfermedad la significación de la realidad.
Ø La
medición y cuantificación de los casos de lecciones cerebrales no es cuestión
de analizar bajo un método rígido y estático, que no permita ver como el
sujeto supera esa lesión siendo capaz
de vivir con ella.
Ø Es
un sujeto que significa y construye a través del sentido la realidad,
tratando de soslayar a través de la
expresión en el síntoma una realidad adversa.
Ø El
sujeto significa el entorno y de esta manera, es un agente activo en la
capacidad de modificar el mismo.
Ø Se
observan las particularidades del
sujeto y su relación con el mundo.
Ø Se
realiza la evaluación y el diagnóstico sobre el sujeto no ara aferrarse a una
descripción de lo que puede ser el sujeto, sino como una ayuda para la
comprensión y la identificación de la dolencia que padece el sujeto; sin
decir que esto es una conducta anormal que puede ser modificada.
Ø La
evaluación se basa complementariamente en los test psicométricos, pero no
describen completamente al sujeto.
Ø No
importa el método derivado de una teoría en específico, sino, la
transversalidad de lo clínico en los diferentes métodos, por ejemplo el
método piagetiano, el método de Luria, o el freudiano.
Ø No
hay clínica sin la interacción entre paciente y psicoterapeuta.
Ø No
se puede hablar de rasgos o características de la personalidad. Puesto que,
es abandonar al sujeto y a su particularidad existencial como paciente de los
percances de la vida.
Ø La
búsqueda no es mejorar al sujeto en sus cualidades, es comprender cómo el
sujeto significa lo que hay mal en él para sentirse escuchado por el
analista.
Ø El
sujeto no se puede expresar en términos objetivos, puesto que lo desliga por
completo de su esencia, debido a que es un sujeto y no un objeto.
Ø Énfasis
en lo que el sujeto dice, en su subjetividad, en la construcción de
significados que se hace en la interacción verbal y no verbal entre paciente
y psicoterapeuta.
|
CONCLUSIONES
La
psicología clínica en su generalidad necesito de contextos y situaciones
específicas para darse, para nacer, el ser humano siempre ha buscado la forma
de dar respuestas a sus necesidades, pero luego del transcurrir del tiempo
logro su objetivo, objetivo que busca el bien del sujeto, y el poder explicar el
origen de su ser. La práctica médica ayudo a la clínica a lograrse y a que se
tomara con seriedad, por lo tanto la psicología clínica se le debe en alguna
forma a esa búsqueda de una verdad.
El
devenir de la psicología clínica, ha girado en torno a la enfermedad, lo
patológico es tan atractivo para los psicólogos que toda su praxis misma gira
en torno de un método, método que no da
respuesta en totalidad de una simple pregunta, ¿Qué es lo clínico en la
psicología?
La psicología clínica
debe valerse de distintos medios para comprender al sujeto, un sujeto que por
su facultad de ser una existencia única, que significa y experimenta el mundo
de modo propio, tiene que ser abordado desde distintos métodos de los cuales le
permitan al psicólogo clínico poder entender de la mejor manera a dicho sujeto. Sin embargo, en la discusión sobre los
métodos de los cuales se vale la psicología clínica podría reconocerse las
limitaciones del propio método, de las cuales el hombre evidencia excederlo y
es por eso la Psicología clínica no debería valerse de uno solo o mejor dicho
poder explorar la mejor forma de aproximarse a la realidad del que padece.
La psicología clínica se
soporta en el método del cual considere “necesario” para la sociedad, de la
cual pide sus servicios, por ello se habla de la psicología clínica Europea y
anglosajona. Sin embargo, esta se caracteriza en la búsqueda exhaustiva en la
compresión, diagnostico o entendimiento de la enfermedad.
La
dependencia de la clínica anglosajona hacia los métodos de investigación y
medición se debe a su ánimo y pretensión de ser ciencia, donde desvirtúa por
completo la esencia del sujeto convirtiéndolo de sujeto a objeto de investigación.
Entre
la psicología clínica anglosajona y francófona existe toda una serie de
diferencias referente al método y a la concepción que se establece del sujeto, puesto que, simplemente se han dado en contextos sociales
diferentes, debido a que la escogencia del método se proporciono en una primera
instancia para ambas (la medición por test), como una respuesta a las
exigencias del medio, pero en segunda instancia, la clínica francófona se
desligo de responder a las exigencias de una sociedad científica, dedicándose
de lleno, a la comprensión del sujeto.
La
clínica al igual que la psicología general, no es una sola y por ende, no posee
una sola definición del sujeto. En este orden de ideas, encontramos que si es
posible establecer una clínica francófona y una clínica anglosajona, que se
separan en la concepción del sujeto a partir del método que las cobija, pero se
relacionan en la medida que su interés se centra sobre un sujeto que padece,
sea la apreciación de la enfermedad o el sujeto en su esencia.
La
apreciación que se puede hacer de la clínica, es que su epíteto al igual que
otros conceptos epigráficos, es polisémico. Esto puede derivar en una ventaja
para la comprensión de un sujeto, pero en una desventaja para la objetivación
del mismo; en consecuencia, la clínica no puede ser concebida dentro de un
paradigma científico, como tampoco es posible hablar del sujeto en cuestiones
de medición.
Por
ultimo, no es posible establecer una epistemología de la la psicología clínica,
puesto que no es concebible la misma, en cuestiones de relación entre sujeto y
objeto. Luego entonces, es mas factible apreciar una clínica epistemológica que
conciba al sujeto como sujeto cognoscente.
REFLEXIÓN
PERSONAL
La clínica psicológica
sigue en auge y se dan nuevas formas de ver al enfermo. No obstante todas estas
formas de tratar a los enfermos, tienen como objetivo una cura, ¿pero una cura
de qué? Como sabemos que alguien está enfermo, como sabemos quizás si los
enfermos no son los médicos, o los psiquiatras tratando de encontrar en todo
síntoma una enfermedad y por consiguiente un cura.
“la
mayor rama de la medicina practica está en manos de gentes nacidas fuera del
seno del arte; la comadronas, las damas de misericordia, los charlatanes, los
magos, los chapuceros, los hospitalarios, los monjes, las religiosas, los
droguistas, los herboristas, los cirujanos, los boticarios, tratan mucho más
enfermedades y dan muchos más remedios que los médicos.” (Foucault,
1998; Pág. 476).
¿Qué es entonces la
psicología clínica? Podríamos afirmar vagamente que trata la enfermedad, pero en qué nos basamos para
llamar a un individuo “enfermo”; El peyorativo de enfermo es dado en la
historia para alguien que no está bien para la sociedad, pero, ¿éste sujeto al
cual se le llama enfermo sólo puede ser tratado con un método científico, un
método psicoanalítico, un método farmacéutico como lo hacen muchos psiquiatras
y científicos de la mente y la conducta?
Es necesario que la
psicología clínica se replantee el termino de enfermo, pues muchas veces se dan
calificativos apresurados los cuales solo enmarcan a un paciente en un
diagnostico que no dice nada más allá de inferencias de un sujeto que cree
tener la verdad, como vimos anteriormente en el recorrido del nacimiento de la
clínica y especialmente de la psicología clínica como tal se han efectuado
errores que nunca podrán ser remediados, pues la historia cobra sus verdugos y
les da nombre propio, muchos antes de que existieran las clínicas, cuando aún
no se tenía la concepción de un enfermo, como alguien que adolece el cual
necesita de inmediato un tratamiento, la humanidad se las ha arreglo para
entender a estos individuos, aun les dio un lugar en medio de su sociedad, no
era necesario clasificarlos, aislarlos o recriminarlos en sus conductas como lo
intenta hacer la psiquiatría con sus calificativos, excluyendo a estos
individuos de una sociedad a la cual pertenecen.
Por tanto la psicología
en la clínica debe de seguir sus esfuerzos por sus principios, los principios
de una psicología reflexiva, la cual por medio del constante replanteamiento de
lo que en realidad es el sujeto, podamos crear un concepto de lo queremos curar
por decirlo de alguna manera, sea cualquiera la forma nuestra de concebir a
otro, de entenderlo, de tratar de ayudarlo a “ser” sin obligarlo a dejar de
“ser”.
Por otra parte, desde
la lectura crítica que puede ofrecer una epistemología de la psicología
clínica, deberíamos preguntarnos antes si es posible hablar de una
epistemología en la psicología. Puesto que, si la epistemología puede definirse
como la teoría del conocimiento o la filosofía de las ciencias, de qué
conocimiento estamos hablando, puede haber una teoría del conocimiento, puede
denominarse a la psicología clínica como un conjunto de saberes científicos
sobre objeto científico alguno. Pues bien, Para ser un campo científico de
investigación, es necesario tener en cuenta unas condiciones que deben
cumplirse tales como: definición del objeto, el cual está determinado por los
fundamentos teóricos y epistemológicos; una relación sujeto-objeto particular
que garantiza un método llevado por medio de estrategias, técnicas y
herramientas específicas y la búsqueda de un fin de la acción. El campo también
se identifica por unos referentes como son: la definición y origen específico
delas acciones aplicadas. Por último, un campo se define igualmente por
compartir con otras disciplinas su acción, es decir, por mantener unas
relaciones interdisciplinarias.
En consecuencia, la
psicología clínica debería cuestionarse si debe desprenderse del sujeto que ha
logrado constituir a través de la historia, o desligarse del mismo en su
retención científica, puesto que el problema de una investigación científica en
psicología, erradica en la observación de sujetos que se convierten en objetos.
Esto no es más que la pretensión de eliminar toda especificidad del sujeto, por
ello la clínica debe apartarse de la ciencia de lo natural para poder mantener
su relación con el sujeto. Pero esto no deja más que una gran cuestión, que
estudios se pueden hacer desde la psicología, se deben buscar otros enfoques y
métodos que se parten de lo natural, no es el ser humano parte de lo natural, o
es más complejo que lo natural.
La única relación que
se puede establecer entre la psicología y la epistemología, es plantear una
psicología del conocimiento del sujeto clínico sobre el mundo, de sus
aprehensiones o representación, sus significaciones sobre los objetos del
mundo, una nueva psicología que se aleje de las ciencias, sin pretensión de los
métodos cuantitativos ni una teoría del conocimiento; sino más bien, que hable
de la especificidad de esa relación del sujeto cognoscente y el objeto
cognoscible.
La psicología clínica
como cualquier otra disciplina de la psicología en general o como cualquier otro tipo de intento de
comprensión del mundo, fenómenos o de la realidad, sólo puede ser entendida
bajo las condiciones sociales que las antecedieron o por las cuales se
desarrolla, es decir, las formas de pensamiento en las cuales se enfrenta o
toma de inspiración, de ello, podríamos entender por qué no se podría hablar de
una sola psicología clínica.
En Europa las distintas corrientes del
pensamiento como el funcionalismo o el construccionismo y los cambios sociales
propios de las revolución francesa y la
revoluciones científicas sumado a la aparición de los espacios hospitalarios
que propiciaran las condiciones para el seguimiento de las enfermedades en las
personas, en los internados de los hospitales fue donde se favorecieron el registro y la observación de
casos.
Hay que tener en cuenta
que también en Europa se muestra un
cambio en la concepción de la enfermedad y del enfermos y por lo tanto el modo
(el método) del cual el medico debería tomar para llegar al conocimiento de la
enfermedad de los pacientes. Para la psicología clínica de Europa este sería el
momento vital para su aparición sobre
todo porque es en este momento histórico donde el humano dejaría de ser una
víctima más de los aquejantes cambios e influencias del medio, para convertirse
en un significante y constructor de la realidad, una realidad que le es propia
y de la cual se vale para enfrentarse a ese mundo que lo aqueja y que comparte
con otros, en esta medida también aparece una nueva concepción de la enfermedad
ya no más como un elemento extraño ajeno a la existencia natural de hombre y la
cual determina su existencia, sino, la enfermedad como parte de la existencia
propia del sujeto, de la cual se desprende un significado propio y que padece
en su realidad.
La enfermedad se
volvería entonces un signo del padecimiento interno de los sujetos, la labor de
la psicología clínica deberá entonces no entender a la enfermedad para
erradicarla de los individuos, sino que a través de la enfermedad entender al sujeto en sí mismo y del mismo
modo para el que sujeto pueda resinificar su existencia.
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