miércoles, 19 de diciembre de 2012


EPISTEMOLOGÍA DE LA PSICOLOGÍA CLÍNICA:
¿Cuáles son las similitudes y las diferencias conceptuales y metodológicas entre la psicología clínica anglosajona y la psicología clínica francófona?



Javier Fernando Acosta
Giver Robeiro Cano
Héctor Edwin Restrepo




UNIVERSIDAD DEL VALLE
SEDE PALMIRA
JUNIO 2012


OBJETIVOS:
Reflexionar sobre las bases epistemológicas de la psicología clínica que fundamentan sus métodos, conceptos y posturas epistémicas.
Indagar sobre el recorrido histórico de la psicología clínica en diferentes contextos y sobre las múltiples acepciones sobre el individuo.
Establecer un cuadro paralelo entre la psicología clínica anglosajona y la psicología clínica francófona. 

PLANTEAMIENTO:
El surgimiento de la psicología clínica se da inicialmente, en el fundamento de la relación entre la enfermedad y el sujeto, es decir, a través de la apreciación desde distintas perspectivas por aquel  individuo en un estado de malestar. Por ende, es necesario conocer el fundamento epistemológico de la clínica, para comprender el establecimiento y constitución de su “objeto” de estudio. Ahora bien, al ser la psicología general no una sino varias, intentaremos mostrar  que la psicología clínica no es tan sólo una y hasta qué punto es posible hablar de una epistemología de la psicología clínica.

INTRODUCCIÓN:
“El mañana de la psicología es, como todo mañana, incierto y problemático. Es el peso y la gracia de la vida del hombre. Pero hay que añadir que nuestro mañana es especialmente problemático e incierto. No porque no se haya hecho nada, sino, al contrario, porque se ha hecho mucho.”
(Tortosa, 1993; pág. 598).

El presente documento tiene como objetivo reflexionar sobre las bases epistemológicas de la psicología clínica. Por ende se propone hacer una revisión de la historia de la clínica y como tal de su surgimiento en dos contextos socio-políticos y económicos distintitos: el anglosajón y el francófono. De esta forma, se ha planteado un esquema de revisión de la literatura, donde se toma la clínica desde una mirada pancultural, la clínica como una pretensión científica y por último, la clínica como  un producto de los procesos sociales.
En última instancia, proponemos un cuadro paralelo entre los dos tipos de clínica planteados (clínica anglosajona y clínica francófona), para hallar una diferencia entre los postulados metódicos y conceptuales de la misma, que puede ayudarnos a generar una visión crítica de la clínica, para saber qué debemos entender por clínica. Terminando entonces, con la presentación de las conclusiones y una reflexión personal.

LA PSICOLOGÍA CLÍNICA EN LA HISTORIA: UNA MIRADA PANCULTURAL
Podemos empezar con la pregunta más espinosa de la psicología: ¿Qué es la psicología clínica? Y encontramos que: “En el caso de la psicología la cuestión de su esencia o más modestamente, de su concepto pone también entre dicho la existencia misma del psicólogo pues a este, incapaz de poder con exactitud decir que es, le resulta muy difícil contestar que hace.” (Canguilhem,  Pág. 89).
Ahora bien, la psicología clínica se podría definir como la ciencia que intenta dar respuesta a la necesidad que tiene un sujeto de entender lo que sucede en su interior, en su “yo” interno, pero por otra parte, también podríamos definirlo de la manera en que lo define Strickland en su libro fundamentos de la psicología clínica, donde dice que: “la psicología clínica pretende ser un campo, una disciplina, una ciencia y una profesión que cubra en rango y totalidad la conducta humana.” (Strickland, 2001 pág. 1).
Dicho lo anterior, la psicología clínica se intenta explicar desde diferentes campos, por lo tanto también es preciso que intentemos buscar sus raíces en otras disciplinas, como por ejemplo la medicina. Al hablar de psicología clínica, localizaremos nuestras raíces en la práctica medicinal, y especialmente en algo que hace alusión a la palabra clínica, la “enfermedad”. En la historia, el hombre siempre se ha dedicado a tratar de darle solución a sus dolencias. Por ejemplo, nuestros antepasados “prehistóricos” encontraron la forma de darle solución a lo que podría ser perjudicial para ellos, luego los egipcios desarrollan unas aproximaciones a lo que es la medicina, generando remedios para sus enfermedades las cuales suministraban a los gobernantes y a los soldados, este conocimiento de lo clínico estaba presente en cada una de las culturas emergentes a través de la historia (Strickland, 2001).
A posteriori, encontraremos la psicología como el estudio de la psique, pero en realidad este estudio es tan antiguo como lo es la humanidad, debido a que en la antigüedad muchos intentaron explicar los sueños, las enfermedades mentales, las emociones y las fantasías. Aun los griegos como platón y Aristóteles, que trataron de dar cuenta de la experiencia cognitiva humana, intentando explicar procesos como la memoria, la percepción y el aprendizaje. Más adelante en la escala histórica, se destaca  a Fechner como padre de la psicología cuantitativa o psicofísica; pero quien en realidad fue el fundador de la psicología como ciencia experimental, fue Wilhelm Wundt, con todos sus aparatos para medir la conciencia. Según él, existían dos tipos básicos de experiencia mental: sensaciones y sentimientos (Braunstein, 1970). Con sus experimentos, Wundt hizo de la psicología una disciplina, acercándola a un estatus científico, pero no podemos desconocer que la psicología de Wundt devenía de la fisiología -una rama propia de la medicina-.
En la historia encontraremos entonces, cómo la psicología clínica comparte con la medicina el contacto con el individuo, este contacto que le dará a la psicología por medio del método dialectico una terapia para el “enfermo” -psicoterapia-.
“Para comprender el sentido y la estructura de la experiencia-clínica, es menester rehacer primeramente la historia de las instituciones en las cuales se manifestó su esfuerzo de organización” (Foucault, 2007 pag.75).Que mejor que denotar el espacio institucional de donde surgió el interés por el sujeto, por la casuística, es decir, los hospitales.
Los hospitales que provienen de la palabra latín hospes, que significa “huésped o visita”, se transforman en lugares donde se llevan a los enfermos a pasar los últimos días de su vida, puesto que en esta época,  se tenía la concepción de que la enfermedad era ocasionada por una divinidad como un castigo. De esta manera, era necesario que la enfermedad que estuviera en el cuerpo. Los hospitales eran dirigidos principalmente por el clero católico -aproximadamente para el siglo XVI-, donde intervenían monjas y personas las cuales querían limpiar sus pecados ayudando a otros a morir de la mejor manera. En estos lugares, los médicos sólo se dedicaban a visitas domiciliarias, las cuales podían pagar las personas que tuvieran poder adquisitivo para gozar de este servicio (Foucault, 2007).
Con el tiempo, en el siglo XVIII, se dará un cambio a la forma de ver los hospitales y nacen las clínicas como lugares de estudio del cuerpo humano, los cuales en algún momento son utilizados como auspicios para los estudiantes de la nueva medicina, para que ellos pudieran aprender sobre la fisiología humana.
Continuando con la historia de la psicología clínica, se tratará de dar un referente al nacimiento de la clínica en el continente europeo, aunque sólo hasta finales del siglo XVIII según Foucault (2007), se da la aparición en este contexto, de las primeras clínicas. Por otro lado, en 1658, François de la Boe abre una escuela en el hospital de Leyden y publica sus observaciones bajo el título de Collegium Nosomium. (Foucault, 2007; pág. 85). Las cuales luego retomará uno de sus sucesores, Boerhaave y más tarde son los discípulos de Boerhaave quienes en 1720, reforman la universidad de Edimburgo y crean una clínica sobre el modelo de Leyden; las cual fue imitada por otras universidades como la de Oxford, Cambridge, Dublín.
Subsecuentemente, con la revolución francesa, no sólo se da el nacimiento de una clase media y otra popular, sino, que por otro lado se abre las puertas a las clínicas mentales. Puesto que los enfermos mentales eran tratados en deplorables condiciones, en las cuales los aprisionaban con grilletes y no les daban buena alimentación; esto cambiaria cuando Philippe Pinel pidió que se les diera a los locos derechos de igualdad por los cuales había luchado en la revolución (Strickland, 2001 pág. 7). De la misma forma, que en Inglaterra también se dieron avances en cuanto al  tratamiento de los enfermos mentales, llevando a los enfermos mentales a lugares alejados de la sociedad, con mejores condiciones de vida. Estos son indicios, de que los médicos dejaban el antiguo calificativo de “endemoniados” para el cristianismo y se le da una figura de enfermo mental.  
Pero como llamar a un sujeto “enfermo mental”,  aun no es claro para la época, debido a que todo aquel que sufría un trastorno mental, era categorizado y llevado a una clínica para ser tratado. Las formas de tratar a estos individuos en sus principios experimentales dejaban ver lo nuevo del método clínico, el cual por medio de prácticas rudimentarias trataban a estas personas bañándolas con agua congelada, electrochoques, etcétera.
Propiamente luego, surgiría el psicoanálisis por la ingenuidad del médico Sigmund Freud, alumno de Charcot, el cual con su nueva teoría de la mente como un aparato psíquico, le da forma a una formulación de la cura por medio de la escucha, el gran aporte de Freud se basa en ponerle atención a lo que las mujeres enfermas de histeria revelaban en sus secciones de lo que el llamaría psicoanálisis, Freud descubrió la importancia de un análisis más profundo del inconsciente, pre consiente y consciente.(Foucault, 2007); En este momento, el joven Freud intenta buscar una forma que vaya más allá de la física, para darle respuestas a estas enfermedades que no tenían ninguna razón en el cuerpo del paciente,  pacientes a los cuales Freud con su terapia primeramente de la hipnosis aprendida de Charcot en Francia no lograba dar respuesta duradera a la causa propia de la enfermedad, a lo que completará más adelante Lacan diciendo:
“Este interés del yo es una pasión cuya naturaleza había sido ya entrevistada por la estirpe de los moralistas entre los cuales se la llamaba amor propio, pero de lo cual sólo la investigación psicoanalítica supo analizar la dinámica en su relación con la imagen del cuerpo propio” (lacan, 1998; pág. 409).
Sin embargo,  mientras en Europa-especialmente en Francia-, nacía una nueva psicología que trataba de acercarse a las ciencias, por medio de la medicina, en otro continente la historia cambiaria para la psicología como ciencia. 
“La conciencia no aparece cortada en pedazos por sí misma, palabras tales como <<cadena>> o <<tren>> no la describen convenientemente tal y como se presenta en primera instancia.” (Sahakian, 1987; pag.423).  Esta frase referencia al comienzo en Estados Unidos de su etapa positivista, especialmente al conductismo, donde este enfoque, tratará de encontrar siempre una relación entre un estímulo y una respuesta (E-R), como una forma de ver la clínica desde lo científico, como una psicología que intenta dar respuesta de “cura” a una sociedad enferma.
Tras la guerra civil de Estados Unidos, el funcionalismo domina la psicología norteamericana, (esto da entrada a la primera generación de psicólogos americanos que tratan de establecer la psicología norteamericana como ciencia), estamos hablando aquí, de William James, George Trumbull Ladd y G. Stanley Hall. (Sahakian, 1987).
Estos psicólogos con sus teorías funcionalistas y muchos aportes tomados de la psicología de Wundt, le dan entrada a otras corrientes psicológicas que tratan de definir la psicología como una cura para las afecciones de los sujetos, convirtiéndola en una ciencia. Podríamos ver luego, como en Estados Unidos nace la psicología de la capacidad de Cattell, intentando explicar las diferencias individuales, la psicología evolutiva de Hall y Baldwin con su genética, la psicología comparativa de Thorndike en lo referente a la inteligencia animal, lo que luego tomaría el gran poderío en Estados Unidos, con el nombre de conductismo-que aún hasta le fecha tiene gran auge-.
La psicología en EE.UU. se inclinaría pues,  hacia la conducta de los sujetos como principal foco de atención. Lo que en consecuencia, daría pie a un sin número de investigaciones que intentaban por todos los medios dar respuesta a lo que en ese momento de la historia se les exigía, tratar de controlar la conducta de los sujetos para que pudieran servir a los fines del gobierno Estadounidense. De esta forma, la psicología se aleja de tratar de entender al hombre como ser integro, como lo proponía Freud y otros autores desde Europa, y ofrece todos sus esfuerzos al condicionamiento clásico y las teorías de E-R. Lo que para ellos hacia ver la psicología como un medio utilitario, en los psiquiátricos de Estados Unidos, por ejemplo, se toma  el conductismo como forma de tratar las enfermedades mentales -que toma fuerza con su métodos y sus técnicas de “cura” rápida-, la cual suponía la respuesta para los enfermos mentales de la época.

LA PSICOLOGÍA PRETENCIOSA Y EL CIENTIFISMO DEL SUJETO
Por una psicología pretenciosa entenderemos en el presente escrito, a la psicología de auspicios científicos y metódicos que se desliga de una fuente con criterio, convirtiéndose en una filosofía sin rigor -en su eclecticismo sustentado en un criterio de objetividad-, una ética sin exigencia y una medicina sin control (Canguilhem, 2009). Por tanto, por psicología científica o pretenciosa se entenderá una psicología que generalice al individuo a través de medidas y acciones estandarizadas, una psicología clínica de los test y los medicamentos, una psicología anglosajona.
Inicialmente podemos acuñar el problema a Wundt -padre de la psicología científica-, sin embargo, no sería perfectamente claro, si la culpa se debe a sus estudios animosos de medir ciertos aspectos de la mente humana o a sus resultados idolatrados como idóneos y espectaculares. Podemos describirlo de la siguiente manera: Wundt creó el laboratorio de psicología sólo para que se dijera que la psicología era un campo productivo y que por ello, debía invertirse en ella, aunque el total de ingresos sólo se debiera al auge de un pequeño grupo de “bastardos con gloria”.
Los antecedentes de la psicología clínica son tan confusos como su misma definición, es por ello, que a muy pocos psicólogos, les guste profundizar en banalidades históricas, lo preciso es invertir dinero (tiempo) en algo que genere más dinero. De esta forma, nos permitimos adentrarnos en un entorno donde la psicología clínica ha tomado los rumbos de generar una sensación  -pero no al individuo-, de un falso bienestar tan anhelado como la remoción al estado fetal de los gobiernos.
De ahora en adelante, en esta parte del escrito nos dirigiremos a la psicología clínica como la clínica anglosajona.
La clínica anglosajona tiene sus orígenes inicialmente en la segunda guerra mundial, es decir, que la clínica anglosajona es resultado, por no decir hija, de la posguerra (Phares, &Trull, 1997).Fue el contexto de la guerra quien exigió de la ciencia de la mente, el calificar las habilidades de los sujetos. El surgimiento del interés por medir las facultades mentales fue completamente provechoso, para reclutar hombres lo suficientemente decentes y capaces de combatir, aunque no se ha develado, que el análisis de la facultad mental se haya aplicado como estrategia de combate.

Para la clínica anglosajona, su nominativo puede hacer referencia tan sólo a un conjunto de métodos de investigación para el tratamiento y curación de las tan famosas enfermedades mentales puede clasificársele como una ciencia dentro de esta idea. “La Psicología Clínica es la rama de la ciencia psicológica que se encarga de la investigación de todos los factores, evaluación, diagnóstico, tratamiento y prevención que afecten a la salud mental y a la conducta adaptativa, en condiciones que puedan generar malestar subjetivo y sufrimiento al individuo humano” (Amar, 1986; Pág. 90). Sin embargo, esta definición no se veía sobresalir aun de la clínica, puesto que hasta el momento de la guerra, la clínica sólo se dedica a la evaluación.

Toda la adopción de modelos de medición, se debe a que la clínica anglosajona tenía el interés de normalizar a los sujetos bajo la pretensión de poder universalizar lo conceptos de la mente, y que estos sirvieran para poder reclutar a los hombres para la guerra, pero la repetición de lo que sucedió en una época, no es sólo generalizable por el hecho de que pueda volver a ocurrir (Popper, 1991). Es decir, que una vez utilizados los modelos de medición para el reclutamiento, por qué seguirlos utilizando para la práctica terapéutica.

Pero, qué podríamos pensar de una ciencia que mide toda una serie de sucesos sin un supuesto teórico, qué podemos decir de la relación que se establece entre el número de sucesos que ocurrieron durante la segunda guerra mundial y la descripción de los sujetos “enfermos”. Se supone que las medidas antropométricas y el desarrollo de los test sustentarían toda esta barbarie de medición para ir a la guerra.

Todo este ánimo de tomar a los sujetos y sus supuestos casos particulares, no era más que un deseo por medir y obedecer al universo del número (Caponi, 2010), para hacer el área más científica. El sujeto se torna pues, en una especie de objeto para medir. Así como el nacimiento de la frenología cautivaría en el universo anglosajón, con la pericia de ciertos saberes sobre lo que el sujeto será o no podría ser, la medición evaluativa se aseguraría que el destino del país no estuviera en las manos de hombres sin protuberancias para la guerra. Lo anterior, no puede derivar en algo más que no sea un acercamiento inductivista al descubrimiento de un supuesto saber para explotar, donde la experiencia de los hechos se virtualiza en la predicción de los mismos en otros espacios (Popper, 1991).

Para el primer momento de la clínica anglosajona, podemos hablar de un carácter predictivo-científico, que más tarde, bajo la asimilación  del psicoanálisis conducirá a esta nueva ciencia, hacia los lineamentos de la psicopatología de la conducta anormal.

Ahora bien, qué sucedería si pusiéramos en cuestión y criticáramos todo ese modelo de medición en el ser humano, el cual no se halla guiado por un propio método ni modelos desde la psicología. Pues bien, según Popper, pretender la sola observación de los hechos para hacer ciencia no es más que una utopía (Popper, 1991).Qué sucede entonces, cuando una teoría es falseada por su no criterio de validación frente a los sucesos de la experiencia. En respuesta, esta ciencia debe utilizar un modelo lo suficientemente complejo que describa la realidad. Pero ¿Cuál realidad?, seguimos hablando de la realidad de la psicología, más aun de la realidad de la clínica anglosajona.

¿La realidad debe cambiar para que los estudios se puedan aplicar, o los métodos deben cambiar para la realidad, o son ambos -tanto métodos como realidad- los que cambian en el devenir de la historia? Si nos concentramos de nuevo en la historia de la clínica anglosajona, podemos encontrar que se da un cambio en la realidad, exigiendo no obstante, cambios en los métodos. Es de esta manera, como la psicología clínica se instituye en espacios propios para el tratamiento de los enfermos mentales, ahora pronunciados como héroes de guerra, y es aquí donde la psicopatología toma fuerza evaluando a los hombres que una vez sirvieron, pero que ahora no sirven puesto que son anormales conductualmente. (Phares, & Trull, 1997). Hablar del ser humano como normal y anormal en términos de su comportamiento, puede ser complicado; debido a que eran hombres normales para la guerra, y ahora, una vez acabada la guerra no se sabe dentro de la escala normal de nueva sociedad donde se ubican. Por supuesto en las desviaciones.

Mientras que por otra parte, se denuncia en Europa el surgimiento y establecimiento de un método sobre los casos de enfermedades que no pueden ser curadas con métodos médicos; nada más y nada menos que el psicoanálisis Freudiano.

El psicoanálisis rompía con todos estos esquemas de movimiento psicométrico, generalista y normalizante, que quedó después de la guerra. Según Freud el psicoanálisis debía especializarse en escuchar las particularidades que aquejaban al paciente y que no eran escuchadas por lo médicos. Puesto que el medico: “No puede comprender la histeria, ante la cual se encuentra en la misma situación que el lego. He ahí algo bien ingrato para quien tanto se precia de su saber en otros terrenos. Por eso los histéricos pierden su simpatía; los consideran como unas personas que infringen las leyes de su ciencia, tal como miran los ortodoxos a los heréticos; les atribuye toda la malignidad posible, los acusan de exageración y deliberado engaño, simulación, y los castigan quitándoles su interés” (Freud, 1994; 2).

Lo que pronunciaba el modelo Freudiano no era más que una ruptura epistemológica con aquel modelo cuantitativo, debido a que el sujeto no podía comprenderse en términos de medición, diagnósticos y recetarios psicofarmacológicos –aspectos que surgían con la psicopatología-, el sujeto “necesita ser escuchado”.  Ahora, por qué no tomar el modelo de Freud para comprender lo que Kuhn llamaría un enigma (Kuhn, 1983).Para Freud la existencia de un modelo que mide y predice el comportamiento, no tiene cabida en su método. Por eso, el propone un nuevo modelo para intentar resolver el “enigma de la histeria”.

Luego entonces, cuando un modelo no es capaz de explicar algo para una ciencia, generando la explotación de los avances conseguidos, simplemente no puede tener una visión universal para un grupo de científicos, no describe entonces, una visión paradigmática (Kuhn, 1983). Lo que Freud propuso, no fue aceptado en su momento por los paradigmas científicos de la época, y aunque la clínica anglosajona intentaba desligarse un poco de los erradicántes modelos médicos, no aceptaba de lleno los planteamientos psicoanalíticos, por lo menos no hasta que toda tendencia a predecir y condicionar el comportamiento desapareciera de la investigación anglosajona.

Adicionalmente, en vista de que el modelo de Freud no podía ejercer cambios conductuales en poco tiempo, se planteó una clínica psicodinámica (Amar, 1986). La clínica anglosajona de la psicodinámica, pretendía un modelo de menor consumo de tiempo en las intervenciones; aunque psicólogos como Eysenck y otros británicos no concebían ni los modelos psicoanalíticos ni los modelos psicodinámicos, procurando de todos modos, la evaluación y la investigación, rechazando todo supuesto que contradiga la tradición científica de la observación y la medición. 

El punto clave de la discusión, gira en torno a la aplicación de investigaciones sobre un supuesto campo de saber o sobre la preocupación por el individuo-que curiosamente se convertía cada vez más en un objeto- y sus particularidades. ¿Qué podemos esperar entonces? Que la clínica anglosajona se dedique solamente a investigaciones o que sólo pretenda abordar las enfermedades con métodos lo suficientemente efectivos, ¿cuál es la intención, sujeto u objeto? La respuesta no es simple, debemos retomar la historia de la clínica para poder dar respuesta a su intento por comprender al sujeto, como también su deseo heredado de la psicología por ser ciencia.

Ahora bien, si recordamos la estrecha relación del sujeto con la enfermedad, llegamos al punto de pensar que la enfermedad no está ligada al sujeto, sino que los momentos históricos y sociales la han convertido en una definición tan polisémica como el mismo epíteto clínico, y por tanto, encontramos que la clínica a través del tiempo no ha descubierto mayor cosa sobre el individuo, solo ha construido todo un corpus de posibles falsos conceptos sobre el sujeto, que debe ser convertido en objeto, si la clínica se concibe como ciencia. ¿Entonces que acercamiento se puede hacer sobre el objeto de la clínica, o mejor aún cuál va a ser el objeto de la clínica? -pero como esto se retira un poco del presente escrito, sólo podemos decir que la anterior cuestión puede ser material para otro escrito, por ejemplo sobre el objeto perdido de la clínica-.

El único problema es que cuando se realiza una lectura de la realidad, simplemente percibiéndola como tal, no se puede describir lo que es realmente el sujeto. Dicho de una forma más clara, cuando el sujeto es descrito en términos de medición, ¿qué estamos midiendo? Cada vez que se desarrollan más modelos que otros paradigmas no han podido describir, el método se convierte en un simple espectáculo (Bachelard, 1976). Lo que Freud planteó para los teóricos de la época fue una revolución científica, pero cómo tomar esto como una revolución de las ciencias –lo más lógico es que una ciencia tenga su objeto definido, una relación sujeto-objeto y un método que le garantice la respuesta al fin común-. (Kuhn, 1983). Pero a medida que el método psicoanalítico se acercó a la clínica anglosajona, no pudo evitar convertirse en un modelo destacado, ya que los psicólogos clínicos pedían poder diagnosticar y curar, aunque los psiquiatras se resistieran a ello. Pero el modelo de extrapolación conductista de la época, obligó a psiquiatras y psicólogos clínicos a trabajar en conjunto y a recibir el psicoanálisis como medida terapéutica (Durán, 2007).

A pesar de todo esto, se continúa buscando una mayor relación hacia lo humano. Y es en este camino, que surge la psicología humanista como medida a incursionar en la terapia y método clínico anglosajón. En este tipo método, la estrecha relación simplemente no puede pasar de percibir el obstáculo de la experiencia básica de la terapia (Bachelard, 1976). El método describe dos personas interactuantes, cliente y terapeuta, qué cambio hay. Por supuesto que la metodología humanista traerá consigo unos aportes a la clínica anglosajona, tales como la posición que se le da al sujeto de ser el que se encarga de recuperarse, puesto que es él mismo quien desea autorealizarse como sujeto, (Maslow, citado por Amar, 1986), aunque esta misma apreciación humanista continúa desvirtuando la clínica de su origen, debido a que esto sólo se convierte en una terapia de superación, donde el propósito es curar al otro y donde el psicólogo o terapeuta tiene voz moral para ejercer sobre lo que debe hacer la otra persona; de nuevo no hay una delimitación marcada entre sujeto-objeto para la supuesta ciencia de la clínica anglosajona(Amar, 1986).  A lo que intentamos referirnos, es que ahora no solo se desvirtuó el objeto, sino también el método, puesto que todo psicólogo que tenga corazón de simpatía, podrá ser terapeuta humanista.

Es claro que la clínica anglosajona no ha podido liberarse de sus antecedentes cuantitativos de la investigación, como tampoco puede desligarse de la tradición médica, lo que la lleva a plantearse toda una serie de pruebas y test que poco dicen sobre el sujeto, sino que más bien, lo desparticularizan de su esencia, como tampoco podrá acercarse lo suficiente hacia al sujeto, en la medida en que son solamente intentos que ha establecido, y el sujeto de la clínica anglosajona no es uno, así como la clínica, que deriva de la psicología general, alejándose cada vez más como disciplina de las paradojas del sujeto y su alma (Sampson, 2000).

ORÍGENES DE LA PSICOLOGÍA CLÍNICA EN EUROPA
¿Podría pensarse el surgimiento de la clínica y más aún de psicología clínica como un proceso ajeno a los cambios sociales?
En primera instancia nos atreveríamos a decir que la clínica como método y forma de concepción del sujeto en el tratamiento de las dolencias posee un distanciamiento frente a otras formas de concepción, donde dichos individuos son víctimas de las enfermedades,  espíritus malignos o como se categorizaría en términos modernos a los agentes patológicos alrededor de lo normal y lo anormal. La clínica, y la psicología clínica se presentan efectivamente como manifestación clara de un cambio social en la concepción del sujeto y más aun de lo que podría llamarse enfermedad.
La medicina y la filosofía en Grecia
La clínica como método podría tener sus orígenes en la antigua Grecia desde el pensamiento filosófico, donde la labor de filósofo y el médico consiste en el indagación meticulosa sobre los fenómenos de la naturaleza que son  humanos, es decir procurar al máximo realizar una exploración exhaustiva de cada uno de los fenómenos que rodean o que se encuentran dentro de los sujetos, teniendo como premisa la búsqueda del conocimiento,  sin pretender poseer un conocimiento absoluto sobre las cosas, la frase socrática resume claramente la posición del filósofo frente al saber “solo sé, que nada sé” y es precisamente la posición  que debería asumir el médico o el psicólogo clínico frente al padecimiento. Ahora bien al referirnos a la postura del filósofo hablamos de la actitud que caracteriza o debería caracterizar al médico y al psicólogo clínico, dado que la clínica no podría tener su origen si no en la tradición médica y esta su vez en tendría sus bases en la tradición filosófica, cosa que hasta tiempos modernos aún se mantiene. Aparece entonces en la filosofía clásica un división de la concepción de la enfermedad, una con una tradición médica y otra de tradición filosófica que nacen juntas; entre el dualismo de alma y cuerpo, la primera de ella correspondiente a los médicos, encargados a lo llamado enfermedad del cuerpo y otra a los filósofos, en la labor terapéutica y por tanto dedicados a curar la enfermedad del alma. Anthony Sampson (2000) nos expone la aparición de esta analogía; “…es seguro que los filósofos sólo podrán postular la enfermedad del alma, porque ya hay algo que los médicos llaman la enfermedad del cuerpo y con el cual habrá una estrecha relación analógica.” (Pág. 236) Es a partir del pensamiento Griego, desde las postulaciones de Hipócrates donde se le dispone a los hombres un cuerpo individual, único y mediante el cual el alma individual y única podrá manifestarse y mostrar sus dolencias particulares, más adelante; Anthony Sampson afirma; “Pero la analogía enfermedad del alma / enfermedad del cuerpo no es concebible antes del nacimiento de una medicina coherente, es decir antes de los textos Hipocráticos”  Pág. 236). Las concepciones filosóficas y médicas frente a la dolencia y enfermedad, desde los  tratados  Hipocráticos se mantendrían sin mucha modificación hasta comienzos de la Edad Media.

La Edad media
En esta época, la concepción de la enfermedad y el tratamiento hacia los enfermos tendría una visión de corte teológica; se establece entonces como lo plantea Tomas Kuhn, una “ruptura paradigmática” sobre cómo concebir la enfermedad y sobre todo al que la padece. Ante esto, la enfermedad seria tratada como una manifestación demoniaca en las personas que cayeron víctimas de las obras del demonio y en últimas que sucumbieron ante el pecado. La tradición médica se restringía  sólo a la iglesia  y a unos pocos médicos que arriesgándose a la inquisición desarrollaban la labor de la antigua tradición  de Hipócrates. Este cambio se presenta porque un paradigma termina siendo obsoleto para  dar cuenta sobre la explicación de un fenómeno, como Kuhn (1983) pronuncia; “Los paradigmas obtienen su status como tales, debido a que tienen más éxito que sus competidores para resolver unos cuantos problemas que el grupo de profesionales ha llegado a conocer como agudos” (Pág. 51-52).
En la Edad Media, el método para exorcizar a los demonios que se manifestaban en la enfermedad del cuerpo o en desordenes del comportamiento, seria ahora el método; la demonología como área de conocimiento del demonio en el cuerpo y la oración, la tortura y el abandono a los poseídos, como intentos de cura. Este cambio de método lo denotan Phares, &Trull, (1997) que: “desde Hipócrates hasta la caída de Roma en 476, la medicina y sus complicados modelos fueron los que dominaron el ambiente para explicar las enfermedades mentales” (Pág. 39). Desde comienzos de la Edad Media se muestra un cambio en la forma de intervenir a la enfermedad y de cómo “curar” al poseído, al hereje o al pecador, este autor más adelante afirma “Más tarde, la Iglesia se quitó los guantes y dejo de ser amable y comprensiva.  Los que mostraban o eran sospechosos de conductas equivocadas, comenzaron a ser tratados como herejes poseídos y bajo el control del demonio” (Phares, &Trull, 1997; Pág. 40). En ese sentido, los sacerdotes que ejercían ahora la medicina iban en búsqueda de señales de conducta o señales en el cuerpo de los individuos, “vestigios” de la existencia de una presencia demoniaca.
Siglo XVI
Sin embargo al avanzar en el tiempo la concepción de la enfermedad como manifestación demoniaca comenzó a desplazarse gradualmente en términos de la determinación de espacios para estas personas designadas, como el confinamiento en centros hospitalarios a comienzos del siglo XVI en Inglaterra. Posterior a esto, ya en el siglo XVII, la concepción de la enfermedad mental como manifestación demoniaca pasó a verse como un trastornó a nivel cerebral y es desde aquí, que nace el trastorno que se confina en el término de la “locura”; aprisionado al mal funcionamiento del cerebro. Todo esto se dio gracias a que la iglesia y la monarquía, comenzaron a perder poder en la sociedad y por lo tanto se le delegó paulatinamente la labor de “curar” a los médicos. Nos encontramos entonces con un cambio de paradigma, la renovación de las ciencias baconianas impulsadas por espíritu empirista y racionalistas, una renovación del espíritu científico mas, no a lo humano y se establecerían, que los ojos pondrían atención objeto, la enfermedad, mas no al enfermo. Las condiciones de vida de las personas en estos centros no eran las mejores, Phares, & Trull, exponen que “Los locos se convirtieron en poco menos que prisioneros. Vivian en condiciones infrahumanas y más que nada lo que importaba era su custodia” (1997; Pág. 41). Sin embargo, es sólo en la instauración de los centros “hospitalarios” donde la clínica podrá encontrar la posibilidad de desarrollarse y postularse como método observacional y de análisis de casos en la medicina; es decir, la clínica como un método que busca a través de la observación de casos particulares, encontrar una verdad, no la verdad del médico, sino la verdad por la cual el enfermo padece y cómo éste en su particularidades la expresa. Obviamente, este proceso no se dio de manera inmediata, citando a Foucault “En el siglo XVIII, la clínica no es una estructura de la experiencia médica, sino que esa experiencia en el sentido por lo menos en que es prueba: prueba de un saber que el tiempo debe confirmar, prueba de las prescripciones a las cuales el resultado dará o no la razón y esto ante el jurado espontaneo que constituyen los estudiantes”  (2007; Pág. 94-95). En este sentido, en el entorno hospitalario se le puede dar ahora un seguimiento a la enfermedad y al enfermo y además de ello, ser demostrable o puesto a prueba ante una sociedad o un grupo de estudiantes o personas.
Siglo XIX                    
En Europa, después de la revolución Francesa, hay un replanteamiento sobre el ser humano y sobre cómo debería tratarse la enfermedad en los sujetos; ante esto, comienzan a juzgarse las condiciones y los tratos “brutales” a los cuales las personas con enfermedades mentales eran sometidas. A partir de eso, representantes del pensamiento francés de la época como  Pinel y el Inglés William Tuke, Trabajaron arduamente para cambiar las condiciones de centros hospitalarios y centros de salud mental, paralelamente en Estados Unidos se gestaban también la mismas condiciones sobre el cómo tratar a los enfermos mentales, Trull & Hares rescatan la labor que Pinel aporta al desarrollo de la medicina representada en la psiquiatría y la psicología clínica: “Aun no está claro si los avances de Pinel se deben considerar como logros personales o desarrollo lógicos que resultaron de la filosofía de Rousseau y del idealismo de la revolución francesa. En cualquier caso su obra marco un hito en el desarrollo de la psiquiatría del enfoque de la salud mental y por último de la psicología clínica” (2003; Pág. 32).
Ahora bien, centrémonos en una de las raíces filosóficas que influye en el surgimiento de la Psicología clínica en Europa. Las corrientes de pensamiento predominante en Europa entre los siglos XIX – XIX, se replanteaban la concepción sobre el individuo, el sujeto en términos más pertinentes: Uno de ellos fue propiamente la fenomenología replanteada por Heidegger en un giro hermenéutico a partir de los postulados inestables y simplista propuestos por su antecesor Husserl, del cual la psicología clínica Europea y propiamente dicha, la Psicología existencialista Europea tomaría como base principal para la centralización del concepto de su objeto de comprensión, el sujeto, de los cuales también se desprendería un método de abordarlo. La psicología clínica entendería al sujeto como una entidad activa, generadora de un significado propio sobre el mundo y en la capacidad de construir la realidad y de aportar para la constitución de la misma, de la cual, a través de ella el sujeto encontraría el espacio para el padecimiento. Por lo tanto para la psicología clínica francesa, será él entonces, la enfermedad como el resultado en parte de la interiorización del sujeto sobre la realidad que produce dicho padecimiento; por ende, la enfermedad deberá ser significada y entendida desde la individualidad y no sólo como una generalización de bases funcionales y biológicas del individuo que esta por fuera de su significación (F. Moreno 2002).
Para terminar la aproximación del antecedente histórico del desarrollo de la clínica y la aparición de la psicología clínica. No se debe dejar a un lado los aportes que la estadística y la implementación de las pruebas psicometrías, realizadas a partir la medición de Binet, Galton y Catell, se desarrollaron para medir las capacidades, aptitudes y actitudes, personalidad, selección de personal, etcétera. Todas estas mediciones sirvieron como punto de partida no sólo para la psicología clínica, sino también, para psicología en general para desarrollar diagnósticos sobre las personas de manera rápida. Los aportes de la estadística y los test, fueron de gran importancia para el desarrollo de la psiquiatría, la psicología en general y para la clínica en términos de evaluación y diagnóstico. Tal vez, dicha masificación de los test psicológicos y la necesidad de psicólogos clínicos sobre todo en Estados Unidos, no hubiese tenido semejante auge de no ser por el contexto de guerra por el cual atravesaba el mundo por esta época. En todo caso, en esta instancia cabría preguntarse si la psicología clínica debería reducirse a términos de aplicación de test o pruebas psicométricas, o si la tradición clínica le exige algo más que la interpretación de los datos arrojados por las pruebas. Ahora tendríamos que pensar bien, qué implica el método clínico en psicología, porque si entendemos desde los planteamientos fenomenológicos  un sujeto que es activo, que significa la realidad de modo particular y más aún, que construye  una realidad propia, que entra en relación con la de otros, donde la psicología supuestamente debería tratar de entender, no deberíamos reducirla a la simple aplicación de test que abarcan lo que una teoría pretende conocer sobre  un sujeto generalizado, que se aleja del objeto o el fenómeno de abstracción y  se aparta de este modo, de lo humano. En este sentido, la clínica debería estar dispuesta a utilizar tanto métodos de compresión del individuo, como individuos en el mundo y no limitarse en la categorización y la etiqueta que proponen las pruebas, las escalas o manuales; la etiqueta precisamente, obstruiría en la compresión de dicha realidad sobre sujeto que padece, y su significación. Como Paul Feyerabend (1989) afirma en su crítica contra el método: “No es posible justificar las teorías, ni posible mostrar su excelencia sin referirse a otras teorías” Pág. 3) es decir, que los métodos se alejan del objeto. En este caso, sería un buen punto de partida para discutir sobre las implicaciones de llamar a la psicología clínica Estadounidense en el sentido propio, como una clínica.



DISCUSIÓN

En esta parte del escrito presentamos una comparación entre la clínica francófona y la clínica anglosajona, con el objetivo de encontrar algunas diferencias en los conceptos, el método y la concepción del sujeto.  La descripción del cuadro se realiza en base a los elementos ya mencionados anteriormente, como la historia de la clínica; en adición a los planteamientos de George Canguilhem citados por Caponi en su texto “Canguilhem: del cuerpo subjetivo a la localización cerebral”.


CLÍNICA ANLGOSAJONA


CLÍNICA FRANCOFONA

Ø Las enfermedades se conciben como nosologías cuantificables y categoriales en manuales estadísticos para poder medir las desviaciones de una conducta normal.
Ø Medición y cuantificación de los comportamientos anormales es importante para establecer localizaciones de posibles daños cerebrales que causen desvíos en el comportamiento.
Ø La medición es necesaria para poder hablar de los casos de muchos casos para realizar una aplicación verdaderamente contundente a la resolución de  las enfermedades.
Ø El sujeto debe considerarse como un ser pasivo, puesto que responde a un juego de estímulos, cuya respuestas deben ser anticipadas y predecibles, de lo contrario el enfermo no es más que un caso de desviación típica.
Ø La relación del sujeto con su entorno es una relación de tipo de desempeño, donde el sujeto no puede realizar sus actividades por el hecho de estar enfermo.
Ø Se refiere al estudio de lo observable en el sujeto y de sus relaciones con el medio.
Ø Se dedica al diagnóstico, evaluación y modificación de los comportamientos anómalos.
Ø El diagnóstico y la evaluación se realiza a través de test psicométricos.
Ø Existe un conjunto de métodos para tratar al sujeto, dependiendo de la concepción teórica en la cual se apoye el terapeuta. Por ejemplo el método humanista y el método psicoanalítico.
Ø Se ejerce una relación en la psicoterapia entre el paciente y el psicoterapeuta.
Ø Se evalúan las características de la personalidad mediante el uso de test o cuestionarios.
Ø Los psicólogos mejoran el desempeño de los sujetos  en sus actividades cotidianas.
Ø Definición del sujeto en términos objetivos, utilizado los test para describir de forma rápida lo que el sujeto padece, siente o piensa y de esta forma, predecir su conducta en un medio social.
Ø Énfasis en la interacción verbal como no verbal del sujeto y el terapeuta.

Ø Lo que importa es el cuerpo subjetivo, que expresa mediante el síntoma, el sufrimiento del sujeto.
Ø No es preciso dividir el síntoma del sujeto, puesto que este no es un simple enfermo, es un sujeto a través de la enfermedad  la significación de la realidad.
Ø La medición y cuantificación de los casos de lecciones cerebrales no es cuestión de analizar bajo un método rígido y estático, que no permita ver como el sujeto supera esa lesión  siendo capaz de vivir con ella.
Ø Es un sujeto que significa y construye a través del sentido la realidad, tratando de soslayar  a través de la expresión en el síntoma una realidad adversa.
Ø El sujeto significa el entorno y de esta manera, es un agente activo en la capacidad de modificar el mismo.
Ø Se observan  las particularidades del sujeto y su relación con el mundo.
Ø Se realiza la evaluación y el diagnóstico sobre el sujeto no ara aferrarse a una descripción de lo que puede ser el sujeto, sino como una ayuda para la comprensión y la identificación de la dolencia que padece el sujeto; sin decir que esto es una conducta anormal que puede ser modificada.
Ø La evaluación se basa complementariamente en los test psicométricos, pero no describen completamente al sujeto.
Ø No importa el método derivado de una teoría en específico, sino, la transversalidad de lo clínico en los diferentes métodos, por ejemplo el método piagetiano, el método de Luria, o el freudiano.
Ø No hay clínica sin la interacción entre paciente y psicoterapeuta.
Ø No se puede hablar de rasgos o características de la personalidad. Puesto que, es abandonar al sujeto y a su particularidad existencial como paciente de los percances de la vida.
Ø La búsqueda no es mejorar al sujeto en sus cualidades, es comprender cómo el sujeto significa lo que hay mal en él para sentirse escuchado por el analista.
Ø El sujeto no se puede expresar en términos objetivos, puesto que lo desliga por completo de su esencia, debido a que es un sujeto y no un objeto.
Ø Énfasis en lo que el sujeto dice, en su subjetividad, en la construcción de significados que se hace en la interacción verbal y no verbal entre paciente y psicoterapeuta.




CONCLUSIONES

La psicología clínica en su generalidad necesito de contextos y situaciones específicas para darse, para nacer, el ser humano siempre ha buscado la forma de dar respuestas a sus necesidades, pero luego del transcurrir del tiempo logro su objetivo, objetivo que busca el bien del sujeto, y el poder explicar el origen de su ser. La práctica médica ayudo a la clínica a lograrse y a que se tomara con seriedad, por lo tanto la psicología clínica se le debe en alguna forma a esa búsqueda de una verdad.
El devenir de la psicología clínica, ha girado en torno a la enfermedad, lo patológico es tan atractivo para los psicólogos que toda su praxis misma gira en torno de un método,  método que no da respuesta en totalidad de una simple pregunta, ¿Qué es lo clínico en la psicología?
La psicología clínica debe valerse de distintos medios para comprender al sujeto, un sujeto que por su facultad de ser una existencia única, que significa y experimenta el mundo de modo propio, tiene que ser abordado desde distintos métodos de los cuales le permitan al psicólogo clínico poder entender de la mejor manera a dicho sujeto.  Sin embargo, en la discusión sobre los métodos de los cuales se vale la psicología clínica podría reconocerse las limitaciones del propio método, de las cuales el hombre evidencia excederlo y es por eso la Psicología clínica no debería valerse de uno solo o mejor dicho poder explorar la mejor forma de aproximarse a la realidad del que padece.
La psicología clínica se soporta en el método del cual considere “necesario” para la sociedad, de la cual pide sus servicios, por ello se habla de la psicología clínica Europea y anglosajona. Sin embargo, esta se caracteriza en la búsqueda exhaustiva en la compresión, diagnostico o entendimiento de la enfermedad.            
La dependencia de la clínica anglosajona hacia los métodos de investigación y medición se debe a su ánimo y pretensión de ser ciencia, donde desvirtúa por completo la esencia del sujeto convirtiéndolo de sujeto a objeto de investigación.
Entre la psicología clínica anglosajona y francófona existe toda una serie de diferencias referente al método y a la concepción que se establece del sujeto,  puesto que,  simplemente se han dado en contextos sociales diferentes, debido a que la escogencia del método se proporciono en una primera instancia para ambas (la medición por test), como una respuesta a las exigencias del medio, pero en segunda instancia, la clínica francófona se desligo de responder a las exigencias de una sociedad científica, dedicándose de lleno, a la comprensión del sujeto.
La clínica al igual que la psicología general, no es una sola y por ende, no posee una sola definición del sujeto. En este orden de ideas, encontramos que si es posible establecer una clínica francófona y una clínica anglosajona, que se separan en la concepción del sujeto a partir del método que las cobija, pero se relacionan en la medida que su interés se centra sobre un sujeto que padece, sea la apreciación de la enfermedad o el sujeto en su esencia.
La apreciación que se puede hacer de la clínica, es que su epíteto al igual que otros conceptos epigráficos, es polisémico. Esto puede derivar en una ventaja para la comprensión de un sujeto, pero en una desventaja para la objetivación del mismo; en consecuencia, la clínica no puede ser concebida dentro de un paradigma científico, como tampoco es posible hablar del sujeto en cuestiones de medición.
Por ultimo, no es posible establecer una epistemología de la la psicología clínica, puesto que no es concebible la misma, en cuestiones de relación entre sujeto y objeto. Luego entonces, es mas factible apreciar una clínica epistemológica que conciba al sujeto como sujeto cognoscente.

REFLEXIÓN PERSONAL

La clínica psicológica sigue en auge y se dan nuevas formas de ver al enfermo. No obstante todas estas formas de tratar a los enfermos, tienen como objetivo una cura, ¿pero una cura de qué? Como sabemos que alguien está enfermo, como sabemos quizás si los enfermos no son los médicos, o los psiquiatras tratando de encontrar en todo síntoma una enfermedad y por consiguiente un cura.         
“la mayor rama de la medicina practica está en manos de gentes nacidas fuera del seno del arte; la comadronas, las damas de misericordia, los charlatanes, los magos, los chapuceros, los hospitalarios, los monjes, las religiosas, los droguistas, los herboristas, los cirujanos, los boticarios, tratan mucho más enfermedades y dan muchos más remedios que los médicos.” (Foucault, 1998; Pág. 476).
¿Qué es entonces la psicología clínica? Podríamos afirmar vagamente que trata la  enfermedad, pero en qué nos basamos para llamar a un individuo “enfermo”; El peyorativo de enfermo es dado en la historia para alguien que no está bien para la sociedad, pero, ¿éste sujeto al cual se le llama enfermo sólo puede ser tratado con un método científico, un método psicoanalítico, un método farmacéutico como lo hacen muchos psiquiatras y científicos de la mente y la conducta?
Es necesario que la psicología clínica se replantee el termino de enfermo, pues muchas veces se dan calificativos apresurados los cuales solo enmarcan a un paciente en un diagnostico que no dice nada más allá de inferencias de un sujeto que cree tener la verdad, como vimos anteriormente en el recorrido del nacimiento de la clínica y especialmente de la psicología clínica como tal se han efectuado errores que nunca podrán ser remediados, pues la historia cobra sus verdugos y les da nombre propio, muchos antes de que existieran las clínicas, cuando aún no se tenía la concepción de un enfermo, como alguien que adolece el cual necesita de inmediato un tratamiento, la humanidad se las ha arreglo para entender a estos individuos, aun les dio un lugar en medio de su sociedad, no era necesario clasificarlos, aislarlos o recriminarlos en sus conductas como lo intenta hacer la psiquiatría con sus calificativos, excluyendo a estos individuos de una sociedad a la cual pertenecen.
Por tanto la psicología en la clínica debe de seguir sus esfuerzos por sus principios, los principios de una psicología reflexiva, la cual por medio del constante replanteamiento de lo que en realidad es el sujeto, podamos crear un concepto de lo queremos curar por decirlo de alguna manera, sea cualquiera la forma nuestra de concebir a otro, de entenderlo, de tratar de ayudarlo a “ser” sin obligarlo a dejar de “ser”.
Por otra parte, desde la lectura crítica que puede ofrecer una epistemología de la psicología clínica, deberíamos preguntarnos antes si es posible hablar de una epistemología en la psicología. Puesto que, si la epistemología puede definirse como la teoría del conocimiento o la filosofía de las ciencias, de qué conocimiento estamos hablando, puede haber una teoría del conocimiento, puede denominarse a la psicología clínica como un conjunto de saberes científicos sobre objeto científico alguno. Pues bien, Para ser un campo científico de investigación, es necesario tener en cuenta unas condiciones que deben cumplirse tales como: definición del objeto, el cual está determinado por los fundamentos teóricos y epistemológicos; una relación sujeto-objeto particular que garantiza un método llevado por medio de estrategias, técnicas y herramientas específicas y la búsqueda de un fin de la acción. El campo también se identifica por unos referentes como son: la definición y origen específico delas acciones aplicadas. Por último, un campo se define igualmente por compartir con otras disciplinas su acción, es decir, por mantener unas relaciones interdisciplinarias.
En consecuencia, la psicología clínica debería cuestionarse si debe desprenderse del sujeto que ha logrado constituir a través de la historia, o desligarse del mismo en su retención científica, puesto que el problema de una investigación científica en psicología, erradica en la observación de sujetos que se convierten en objetos. Esto no es más que la pretensión de eliminar toda especificidad del sujeto, por ello la clínica debe apartarse de la ciencia de lo natural para poder mantener su relación con el sujeto. Pero esto no deja más que una gran cuestión, que estudios se pueden hacer desde la psicología, se deben buscar otros enfoques y métodos que se parten de lo natural, no es el ser humano parte de lo natural, o es más complejo que lo natural.
La única relación que se puede establecer entre la psicología y la epistemología, es plantear una psicología del conocimiento del sujeto clínico sobre el mundo, de sus aprehensiones o representación, sus significaciones sobre los objetos del mundo, una nueva psicología que se aleje de las ciencias, sin pretensión de los métodos cuantitativos ni una teoría del conocimiento; sino más bien, que hable de la especificidad de esa relación del sujeto cognoscente y el objeto cognoscible.
La psicología clínica como cualquier otra disciplina de la psicología en general  o como cualquier otro tipo de intento de comprensión del mundo, fenómenos o de la realidad, sólo puede ser entendida bajo las condiciones sociales que las antecedieron o por las cuales se desarrolla, es decir, las formas de pensamiento en las cuales se enfrenta o toma de inspiración, de ello, podríamos entender por qué no se podría hablar de una  sola psicología clínica.
 En Europa las distintas corrientes del pensamiento como el funcionalismo o el construccionismo y los cambios sociales propios de las revolución francesa y  la revoluciones científicas sumado a la aparición de los espacios hospitalarios que propiciaran las condiciones para el seguimiento de las enfermedades en las personas, en los internados de los hospitales fue donde se  favorecieron el registro y la observación de casos.
Hay que tener en cuenta que también en  Europa se muestra un cambio en la concepción de la enfermedad y del enfermos y por lo tanto el modo (el método) del cual el medico debería tomar para llegar al conocimiento de la enfermedad de los pacientes. Para la psicología clínica de Europa este sería el momento vital para su aparición  sobre todo porque es en este momento histórico donde el humano dejaría de ser una víctima más de los aquejantes cambios e influencias del medio, para convertirse en un significante y constructor de la realidad, una realidad que le es propia y de la cual se vale para enfrentarse a ese mundo que lo aqueja y que comparte con otros, en esta medida también aparece una nueva concepción de la enfermedad ya no más como un elemento extraño ajeno a la existencia natural de hombre y la cual determina su existencia, sino, la enfermedad como parte de la existencia propia del sujeto, de la cual se desprende un significado propio y que padece en su realidad.
La enfermedad se volvería entonces un signo del padecimiento interno de los sujetos, la labor de la psicología clínica deberá entonces no entender a la enfermedad para erradicarla de los individuos, sino que a través de la enfermedad  entender al sujeto en sí mismo y del mismo modo para el que sujeto pueda resinificar su existencia.


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