MAS
ALLÁ DE LA IDENTIDAD EN LA NARRACIÓN
INTRODUCCIÓN
Una
cuestión preliminar que surge al momento de plantear o leer este titulo, es qué
relación puede haber entre la narración y la identidad. ¿La narración, esa
entidad de lectoescritura que se enseña en los primeros años de escolaridad y
la identidad, ese aspecto tan misterioso para muchos en el campo de la
psicología, relacionados? Por otra parte, dentro del plano de lo identitario
también cabe plantearse la pregunta por el papel que juega la creación de
relatos y cómo estos inciden en la constitución de la identidad. Por tanto, al
plantear un titulo de este tipo se infiere que el tema tocará aspectos de la
identidad y de la narración y que posiblemente sus argumentos se dirijan a
admitir que existe relación alguna entre la Identidad y la narración.
Luego
entonces, se puede decir que el presente documento plantea desde una
perspectiva narrativa la constitución de la identidad a partir de las
narraciones hechas por un sujeto a medida que articula quién es en relación a
otros y buscará refutar la tesis de una relación única y directa entre la
identidad y las narraciones sin descartar la reconocible relación.
I
“¿Qué
se gana y qué se pierde cuando los seres humanos dan sentido al mundo contando
historias sobre éste?” (Jerome Bruner, 1997).
Para
poder hablar de una relación entre la identidad y la narración, es preciso
delimitar cómo se concibe la narración desde una postura narrativa, claro está,
validando la redundancia. De esta forma, primero es necesario que se conciba a
la narración como un fenómeno pancultural, que está adherido a lo humano en la
medida en que se le percibe como un ser de historias y relatos, mitos y cuentos.
Es decir, que los seres humanos siempre están contando historias, siempre
organizan anécdotas de su vida y que de esta forma, es como se construyen las
narrativas. Pero, la construcción de las narrativas sobre la experiencia
individual no se da sólo porque sí, más bien, como lo plantea Bruner, se dan
como bosquejo de una construcción narrativa de la realidad. En este sentido, se
crean realidades a partir de lo narrativo, y cuando se cuenta una historia,
quiere decir que es una interpretación del mundo del sujeto que la cuenta.
Es
licito afirmar, que cada historia según Bruner posee una serie de características
que podrían tomarse como “universales de la realidades narrativas”, entre las
cuales están: La temporalidad que es inherente a la secuencia que se desarrolla
en una historia, los géneros literarios en los cuales se puede inscribir una
historia, las creencias y deseos que permean las historias narradas, la
comprensión que cada una de las partes de la narración posee y que se le puede
dar a una historia, la ruptura con lo
convencional para que resulte atractivo a los posibles lectores o espectadores,
el doble sentido que una narración posee para ser cuestionada o creída, el
núcleo de la narración o la situación problemática, que los relatos puedan ser
leídos desde distintas perspectivas por otros y que exista una continuidad en
los relatos (1997). La razón por la cual deben de tenerse en cuenta todos estos
universales, es porque cada uno de ellos, según el autor, caracteriza las
narraciones como construcciones de una realidad, una realidad puesta en escena y
construida como tal desde que el sujeto tome consciencia de ella.
Por
tanto, lo primero a tener en cuenta es la forma en que las narraciones tienen
una serie de elementos estructurales y otros funcionales. Por una parte, la
temporalidad, el genero literario, la comprensión de cada uno de los fragmentos
de la historia y la situación problemática se deberán entender como las partes
estructurales de la narración, es decir, lo que
está en el plano de lo narrativo como tal casi sintácticamente. Por otra
parte, las creencias, la ruptura de la
convencionalidad, el doble sentido de las narraciones y la continuidad en las
historias conforman los elementos funcionales de la narración, es decir, el
plano de lo subjetivo.
Cabe
resaltar, que es en los elementos del segundo bloque que me centraré. Puesto
que, como la intención del actual texto es relacionar la identidad con la
narración, los aspectos que se deben tomar para una relación de tal tipo
comprometen a lo subjetivo en la narración. Teniendo en cuenta que aunque
Bruner (1997), plantea todos los elementos como universales, no se puede olvidar
que hacen referencia a lo humano y en este sentido, a lo subjetivo; sin negar
claro está, que los universales de las
narraciones se ven en todos los sujetos, pero en expresión de distintas
experiencias y como modalidades relacionales de índole disímil. Es decir, que
las narraciones con sus universales y todo son en si procesos de relación con un Otro. Por tanto, para hablar de
identidad frente a lo narrativo se debe tomar con mayor precisión los
universales que hablen del sentido de las narraciones para los sujetos y de
esta forma, se podría establecer relación alguna con la identidad como entidad
relacional.
En
consecuencia, es posible afirmar que los elementos funcionales de las
narrativas se entienden como tal porque, es en ellos que los sujetos expresan
ciertas características especiales, tales como su lectura y significación del
mundo, de su forma de percibir y establecer el conocimiento del mismo, por
ejemplo, mediante mitos o historias fantásticas (Perinat, 2001). Además, es
importante resaltar que cuando los sujetos toman los aspectos funcionales de
las narrativas y se apropian de estos para construir sus realidades, están
subjuntivizando sus experiencias (Bruner, 2003). Al mencionar el termino de
subjuntivización, se hace referencia sobre el carácter subjetivo de una
narración, en el que un sujeto, se apropia de una experiencia vivida y la
conserva en su memoria con la necesidad de contársela a un Otro o de evocarlo
cuando piensa sobre cómo le puede narrar lo vivenciado, es decir, como plantea
Bruner, (2003): “Hablar de nosotros a
nosotros mismos es como inventar un relato acerca de quién y qué somos, qué
sucedió y por qué hacemos lo que estamos haciendo” (Pág. 77).
Así
pues, si se ha comprendido un poco mejor la dinámica de las narraciones como
formas de construir una realidad, es posible hablar ahora que las realidades
formadas por el sujeto a través de sus narraciones, se reconstruyen una y otra
vez según lo requieran las circunstancias (Bruner, 2003). Pero en cada
reconstrucción de la realidad, el sujeto se plantea un Yo, que se convierte a
su vez, en un conjunto de Yoes; al pensar desde luego en su Yo en la
interacción con otros que son portadores de historias. Es aquí donde las
narraciones cobran un sentido tanto para el sujeto que las construye como para
el que las escucha, porque esa historia fue en algún momento real, o si no lo
fue, se creó a partir de vivencias reales y estados desiderativos del sujeto de
comunicarlas. Es en ésta anterior premisa, que los relatos entendidos como
narraciones pueden incidir en la constitución de la identidad. Debido a que, el
sujeto toma como propios algunos aspectos de lo real y los hace propios, pero
sólo en la interacción con un Otro
identificará si son o no, estos los aspectos de una historia que evocan
lo real, o que por lo menos reafirmen su realidad, haciéndole entender que lo
comprendido es valido en tal o cual circunstancia.
II
¿Cual es la relación entre narrativa e identidad?
Primero,
es necesario definir que se entenderá por identidad en este escrito. La
identidad se comprenderá aquí partiendo de la afirmación de Gergen (2007),
donde el Yo es una narración que se vuelve inteligible dentro de las relaciones
en curso con Otro. Es decir, que en el proceso de constituir cuentos, el sujeto
se identifica ante otros y consigo mismo a través de las historias que narra.
Para
poder entender el proceso de la relación de un sujeto con otro a través de sus
narraciones, es menester comprender que lo que el sujeto describe de sí como
parte de una narración (la narración de su vida) cobra sentido sólo en la
medida que el Otro toma su historia como un texto (Larrosa, 1998). Y, es en
esta exegesis de lo que el sujeto le muestra al Otro, que esta relación se hace
bidireccional al pensar que en la relación con el Otro se crea una especie de
“intertextualidad” donde hay aspectos que se pueden identificar en uno u otro
discurso (Larrosa, 1998). Concluyendo,
que al pensarse la relación narracional como una relación de intertextualidad,
debe haber también una forma en que los dos sujetos (sería preciso llamarlos de
ahora en adelante, sujeto narrador y sujeto narratario en consecuencia al orden)
se intercambian la imagen del Yo buscando identificar un algo de sí en el Otro,
o un algo del otro en sí. A esto se llamará identidad. Puesto que, la forma en
que es posible detectar lo que es propio y lo que es de otro en las narraciones
y luego ver cómo eso se combina en una relación intertextual, es la identidad,
o sea, lo que es idéntico en un sujeto a otro y es identificado a través de las
narraciones que se trasfieren en el plano relacional del que nos habla Gergen.
Para
explicar mejor el punto anterior, se puede plasmar en un ejemplo dicha situación:
“No es que yo ya no pueda contarte (o contarme) la “verdadera historia, la
original” de mi desolación durante el triste verano que siguió a la muerte de
mi padre. Más bien te contaré (o me contaré) una historia nueva acerca de un
muchacho de doce años que “había una vez”. Y podría contarla de muchas maneras,
cada una modelada por mi vida en lo sucesivo no menos que por las
circunstancias de ese verano de hace tanto tiempo”. (Bruner, 2003. Pág. 78). En
este ejemplo, se puede apreciar como el yo del sujeto narrador le cuenta una
historia a otro que también podría ser él mismo, demostrando cómo al ser
sujetos conscientes de las historias, se es capaz de dar sentido a la vida,
pero todo esto hace parte también, de un juego interpretativo que se da
mediante la identificación de ciertos aspectos en la historia del Otros sobre
la propia.
De
esta forma, resaltando la premisa de que las narraciones son construcciones que
un sujeto se hace para contar la
historia de sí a Otro que lo escuchará y que querrá contarle las suyas también,
surge una tautología frente a la cuestión de la identidad. La identidad (identificación)
se constituye a partir de las narraciones que se aprecian en Otro, pero también
puede darse de que luego de la constitución de la identidad, se puede ofrecer
una narración al Otro.
Gracias
a la afirmación de Bruner de que existen Yoes y se dan reconstrucciones en las
narraciones, es posible definir que la identidad -para intentar salir de la
tautología- no es algo estructural, sino
mas bien funcional, y que en la medida en que existen Yoes, existirán
“identidades”, que se modifiquen en el plano de lo intertextual. Es decir, que
la identidad puede llegar a no establecerse en el sujeto como una estructura de
su Yo, pero eso es tema de otra discusión. En esta parte, es preciso centrarse
en la identidad que puede tomar o no un sujeto sobre las narraciones de un Otro.
Tal
es el punto de la discusión, que puede decirse que la identidad es sólo una
instancia discursiva que se desplaza en el plano de lo relacional, es decir, de
lo intertextual. Debido a que, cuando el sujeto se encuentra en la intertextualidad
y en la exegesis del relato del Otro y como le muestra a éste mismo sus
relatos, define una imagen como Yo, empero, de que también puede identificarse
con el Yo del otro. Esbozando entonces, que la identidad como tal, no se
alcanza sino en el plano de lo narracional en cuanto que los dos sujetos
identifican en el texto del otro algo de sus propias vidas (Bruner, 2003;
Larrosa, 1998).
III
¿Se puede ir más allá de la identidad en la
narración?
Una
vez traspasado el problema de la tautología de la identidad, cabe preguntarse
si en su solución no se formula la idea de que lo narracional transversa lo
identitario pero lo aventaja en su momento. Es decir, que el fin último de las
narraciones no es establecer la identidad y que las narraciones a pesar de su
incidencia en la constitución de la identidad no se frenan ahí. Pero, ¿cuál es
el fin ultimo entonces de las narraciones?
Pues
bien, es una pregunta que referencia mas sobre la angustia que genera el
destronar a la identidad como una instancia estructural en el sujeto, que una
pregunta sobre lo narracional en relación a la identidad, pero que devela que
la relación entre lo identitario y las narraciones es tan frágil como fuerte.
Puesto que, si bien es cierto que la identidad se constituye en el momento en
que surge la necesidad de contarle una historia a Otro, la importancia de la
identidad se observa en la forma en que
el sujeto hace suya toda apreciación del mundo, aun la identidades que se le
ofrece en los Otros. Debido a que, afirmar que el Otro existe para contar un
relato y escuchar otro, es pensar que el sujeto se constituye en la falta de un
plano narracional propio, y que ya el mundo real -mundo que debe significar por
sí mismo- no es el mismo que le ha contado su primer Narrador/narratario, sino
que puede conformarse por una cadena de significantes que se hallan en la
interpretación exegeta del mundo narrativo de los demás. Por ende, el sujeto se
constituye en la falta de una narración propia como la que cree que el Otro posee,
y que la identidad sólo se constituye como mecanismo para interpretar el mundo
a través de los ojos de otros mas experimentados y como instancia para
comunicarse con ese Otro que le recuerda a su primer Narrador/narratario.
En
consecuencia, a pesar de que la anterior hipótesis suene muy psicoanalítica, el
plano de lo narracional o lo narrativo salta más allá de la identidad en la
interpretación del mundo hecha por el sujeto a través de la identificación con
un relato del Otro, pero que regresa en la medida en que el sujeto nunca
encuentra identidad absoluta ni interpretación concreta sobre le mundo que le
rodea. Por eso, el plano de lo relacional en las narraciones es de vital
importancia para hablar de identidad, en la medida que lo narracional trasciende
a lo identitario pero se mueve por sus terrenos, en búsqueda, de un plano
narrativo propio o por lo menos de uno que le garantice la restitución de un
primer relato (estado) hecho por un Narrador/narratario que lo describió todo
sin dejar duda alguna sobre la imagen del propio sujeto, es decir que no tenia
que remover su Yo y explayarlo en Yoes para entender el mundo.
En
conclusión, la narración se relaciona con la identidad en la medida en que la
identidad se constituye en las narraciones y una vez conformada ésta, las
narraciones comienzan a enriquecerse por la apropiación del sujeto. Porque el
sujeto, ya es un Narrador/narratario mas consciente de su propia historia y de
las otras existentes en dicho plano.
Por:
Javier Fernando Acosta
(dic-2012)
Bibliografía
·
Bruner, J.
(2003). La fabrica de historias. Derecho, literatura, vida. Capitulo 3: la
creación narrativa del Yo. Fondo de Cultura Económica.
·
Bruner, J.
(1997). La educación puerta a la cultura. Capitulo 7: la construcción narrativa
de la realidad. Editorial viso aprendizaje.
·
Gergen, K.
(2007). Construccionismo social, aportes para el debate y la práctica. La
autonarración en la vida social. Bogotá. Ediciones Uniandes.
·
Larrosa, J.
(1998). La experiencia de la lectura. Estudios sobre la literatura y formación.
Capitulo 16: narrativa, identidad e identificaciones. Barcelona: Leartes.
·
Perinat, A.
(2001). Mitos y metáforas como formas de conocimiento y saber. Editorial
Psykhe.